martes, 7 de marzo de 2017

Top 5: Cómo empezar: “Sinfonías”


            Como este blog está destinado a plasmar las opiniones de sus autores sobre diversos temas sobre el arte en general, pero centrándose en la música, la literatura y el cine, quería dejarles a ustedes, estimados lectores, en relación al tema música, una pequeña lista. Tal vez muchos de ustedes no se encuentran tan familiarizados con la música clásica como quisieran, y simplemente no saben por dónde empezar. Pues bien, ¡esta lista está hecha para ustedes!
            He seleccionado cinco movimientos de sinfonías, que considero como los más accesibles, basado en mi experiencia como oyente. Para aquellos que no lo sepan, una sinfonía es una obra compuesta para orquesta, cuya duración es variable, existiendo sinfonías que duran apenas catorce minutos, y otras que llegan a durar más de una hora y media. Las sinfonías se dividen en partes llamadas “movimientos”: la tradición clásica de la sinfonía establece cuatro movimientos, pero esto puede variar (la Sinfonía n° 14 de Dimitri Shostakovich posee once movimientos). Entre cada movimiento, la orquesta hace una pequeña pausa. Estos movimientos se nombran según el “aire” de los mismos, refiriéndonos con esta palabra al carácter y la velocidad de la pieza: Allegro (rápido), Presto (muy rápido), Adagio (lento), Vivace (vivo), etc.
            Cada uno de los movimientos tiene su propia estructura interna, y la combinación de los mismos es la que forma la estructura de la sinfonía: la coherencia de los movimientos entre sí es lo que le otorga unidad a toda la obra. Refiriéndonos a un aspecto puramente armónico, esta unidad está relacionada con las tonalidades (Do Mayor, Sol menor, etc.) de los movimientos: por lo general, el primer y último movimiento tienen la misma tonalidad, y aunque no lo tengan, la sinfonía se nombra según la tonalidad del primer movimiento. Pongamos un ejemplo: la Sexta Sinfonía de Beethoven, en Fa Mayor, también llamada “Sinfonía Pastoral”, está estructura en cinco movimientos, con la particularidad de que no hay interrupciones o pausa entre los últimos tres.
            Pero bien, ya han sido demasiados aspectos técnicos, y no es necesario ahondar en ninguno de ellos en este primer artículo sobre música. Ahora bien, es preciso decir que se ha juzgado la accesibilidad de las obras que integran esta lista en base a qué tan disfrutables pueden ser para un oído no tan entrenado en música clásica: melodías pegadizas, aparición en la cultura popular, complejidad no muy elevada en el desarrollo, duración, etc. En fin, he aquí la lista.


1.      Quinta Sinfonía (Do menor), Ludwig Van Beethoven (1770-1827), 1er. Movimiento.
Esta pieza es uno de los clásicos más populares que existen. Ha sido ampliamente utilizada en cine, televisión y medios audiovisuales en general. El comienzo de esta sinfonía es simplemente icónico: dos grupos de cuatro notas, las primeras tres que se repiten rápidamente y luego se descansan sobre la cuarta, “El destino que llama a la puerta”. Con poco más de siete minutos de duración, es buen comienzo para quien quiera adentrarse en el mundo sinfónico.

2.      Sinfonía n° 40 (Sol menor), Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), 1er. Movimiento.
     Comparte los dos primeros enunciados del primero de la lista: es también una obra icónica. Poseedora de una melodía que pareciera arrastrarnos y envolvernos, este primer movimiento está repleto de momentos emocionantes. Uno de ellos especialmente, cerca de la mitad (minuto 4:18 del video), en lo que se conoce como “desarrollo”, donde el tema que escuchamos al principio ahora va pasando por graves y agudos (violonchelos y violines), a medida que cambia de tonalidad, para volver a la que ya conocemos. En esta penúltima sinfonía, uno puede estar seguro de por qué Mozart es uno de los compositores más importantes de la historia de la música.



3.      Sinfonía n° 101 (Re Mayor), “El reloj”, Joseph Haydn (1732-1809), 2do. Movimiento.
Naturalmente, el “Padre de la sinfonía” no podía faltar en este listado. Como se puede ver por el número de la sinfonía, Haydn compuso más de cien, y por esta razón su aporte al género es más que fundamental, siendo sus sinfonías las que definirían la sinfonía clásica. El humor siempre está presente en la música de Haydn, es el caso de la “Sinfonía Sorpresa”, y también de esta, “El reloj”, que toma su nombre de este 2do. Movimiento, donde algunos instrumentos imitan casi permanentemente el tic-tac de un reloj. De melodía pegadiza y cargado también de momentos emocionantes, el que comienza en el minuto 2:58 del video es uno de mis favoritos.


4.      Sinfonía en Do mayor, Georges Bizet (1838-1875), 1er. Movimiento.
Bizet, el autor de la famosísima ópera “Carmen”, es también el autor de esta obra maestra del género sinfónico, que compusiera como un trabajo para sus estudios de composición. Toda la sinfonía está repleta de melodías sumamente pegadizas (se sorprenderán dentro de pronto tarareándolas o silbándolas), entretenidas y hasta graciosas, en el mismo sentido de humor musical que se puede apreciar en Haydn. Si bien perteneciente al período Romántico, Bizet creó una perfecta sinfonía clásica en cuanto a la forma. En el link que les dejo está la sinfonía completa: el 1er. Movimiento termina en el minuto 10:50, pero si sienten la tentación de seguir escuchando, no se arrepentirán.
https://www.youtube.com/watch?v=-xk7TVPyboY


5.      Sinfonía n° 1 (Do Mayor), “Clásica”, Serguei Prokofiev (1891-1953)
Escrita entre 1916 y 1917, es una de las sinfonías de más corta duración que haya compuesto, cuya interpretación dura por lo general cerca de catorce minutos. Por este motivo, en lugar de sugerir sólo el 1er. Movimiento de la misma, les sugerimos que escuchen toda la Sinfonía. Su nombre, “Clásica”, proviene de que Prokofiev haya afirmado que creía que el estilo que empleó sería el que hubiera utilizado Haydn si estuviera vivo a principios del siglo XX. Esta obra también está repleta de humor musical, y aunque Prokofiev haya querido, de alguna manera, imitar a Haydn, o adaptarlo, esta obra tiene la marca del particular estilo de Prokofiev, y se ha convertido en una de sus obras más conocidas y solicitadas.



Escrito por Dardo Andrés Arbiza

domingo, 26 de febrero de 2017

89. ª ENTREGA DE LOS PREMIOS ÓSCAR: COMENTARIO SOBRE LOS NOMINADOS

            Este domingo 26 de febrero se realizará, por octogésima novena vez, la tradicional ceremonia de entrega de premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, conocidos popularmente como premios Óscar. Pues bien, para este año he intentado ver la mayor parte de las películas nominadas, con el fin de armar un artículo lo más completo posible sobre el tema. En el desarrollo del mismo haré un pequeño comentario para cada película vista, y luego pasaré a revisar las principales categorías, para decir no sólo qué creo que debería ser premiado, sino también para intentar predecir lo que sucederá en la gala.
            Antes que nada, quiero decir que, según mi parecer, el año 2016 no fue un gran año para el cine, o al menos no para el norteamericano. Sí, tenemos algunas películas que harán historia, pero no por su valor, sino más bien por sus particularidades o sorpresas. Aún me falta mucho por ver, pero hasta ahora no he tenido el placer de ver una verdadera obra maestra.
            Sobre los premios de la Academia, creo que este año las cosas arrancaron mal ya desde el anuncio de los nominados. No coincido ni remotamente con la mayoría de las nominaciones. Faltan y sobran muchas cosas. ¿Dónde quedaron “Silence”, “Nocturnal Animals”, “Paterson”, “Elle”, etc.? Alguna logró meter una nominación, de pura suerte, pero la mayoría de las mejores películas del año fueron completamente ignoradas por la Academia, prevaleciendo en su lugar títulos sobrevalorados como “Moonlight”. Así que ya desde el principio puedo decir que este año me quedaré con cierto resabio, pase lo que pase en la ceremonia. Esto no es algo nuevo; desde hace mucho tiempo la Academia se ha flexibilizado y ha permito que la opinión del público influya en sus decisiones. Basta con ver que el año pasado se formó un boicot debido a la baja presencia de “películas de color” entre los nominados, y que este año tenemos cintas de este tipo en casi todas las categorías. Es una pena muy grande que sólo cierto tipo de películas puedan ser nominadas. Por eso es tan fácil predecir lo que va a ocurrir. De todas formas, entre las premiaciones más importantes de la temporada (como los “Globos de Oro”, los “SAG awards”, los “Bafta”, etc.) me parece que la Academia sigue siendo la más justa y universal, aunque está muy lejos de un nivel ideal.  

            LAS PELÍCULAS:
            La ciudad de las estrellas (La la land), de Damien Chazelle: Sólo diré que es una cinta interesante y muy bien realizada, pero catorce nominaciones sólo le quedaron bien a “Eva al desnudo”. Aquí hay un artículo sobre ella: http://espejodetresesquinas.blogspot.com.uy/2017/01/la-ciudad-de-las-estrellas-la-la-land.html
            Luz de luna (Moonlight), de Barry Jenkins: Probablemente la única con posibilidades de quitarle el premio a la mejor película a la anterior. Es un trabajo interesante, pero está lejos de ser la gran película que muchos pintan. Comenzó bien, pero no supieron cómo desarrollarla, ni cómo terminarla. Es una de esas películas en las que uno está esperando que suceda algo, pero nunca sucede. Decepcionante; uno de los títulos más sobrevalorados del año. Excelente fotografía, sin embargo.
            Figuras ocultas (Hidden figures), de Theodore Melfi: Una de las tantas películas sobre gente de color nominadas. Trata sobre un grupo de mujeres que, con todas las limitaciones que la segregación racial imponía, lograron que los primeros viajes espaciales de la NASA fueran posibles. Una cinta muy satisfactoria.
            La llegada (Arrival), de Dennis Villeneuve: Notable obra de arte cinematográfico. La excelente fotografía, la estimable banda sonora y la soberbia actuación de Amy Admas la convierten en uno de los trabajos de ciencia ficción más ricos y profundos de lo que va del siglo. Villeneuve se reafirma como uno de los mejores directores de nuestro tiempo.
            Cercas (Fences), de Denzel Washington: Dotada de escenas larguísimas, y de una colección de memorables actuaciones, esta adaptación teatral me ha conmovido, pero no colmado. El final no estuvo a la altura del resto del filme. Es algo muy común en el cine actual ir de más a menos, y esta película no es una excepción.
            Manchester frente al mar (Manchester by the sea), de Lonergan: Lento y pausado drama sobre la vida de un hombre afectado por la tragedia. Excelente fotografía y montaje. La banda sonora acompaña los hechos formidablemente, especialmente en la escena en la que se explica todo. Una de las mejores películas del año. Excelente producto de cine independiente. Entre las nominadas a la categoría máxima es, lejos, la mejor. 
            Hasta el último hombre (Hacksaw ridge), de Mel Gibson: Drama bélico basado en hechos reales acaecidos al final de la Segunda Guerra Mundial. Conmovedor y complaciente de principio a fin. No es lo mejor de Gibson, pero luego de diez años de sequía no se puede pedir demasiado.
            Comanchería (Hell or high water), de David Mackenzie: Brillante ejercicio de western y del cine de atracos. Notable fotografía y montaje. Bien actuada, bien escrita. En fin: una de las mejores del año.
            Un camino a casa (Lion), de Garth Davis: Interesante drama que presenta la historia real de un niño indio perdido que, luego de vivir veinticinco años en Australia, se reencuentra con su madre. Posee una fabulosa fotografía y una adecuada banda sonora. A destacar también son las actuaciones de Nicole Kidman y de Sunny Pawar.
Jackie (Jackie), de Pablo Larraín: Infravalorada cinta sobre los hechos del asesinato de J. F. Kennedy, desde la perspectiva de su mujer, protagonizada por una brillante Natalie Portman. Resultó ser mucho mejor de lo que esperaba.

LAS CATEGORÍAS:
Quiero aclarar que me voy a ocupar solamente de aquellas categorías en las he visto todas o casi todas las películas.

MEJOR MONTAJE
Va a ganar: Hasta el último hombre
Puede ganar: La la land
Debería ganar: La llegada
MEJOR FOTOGRAFÍA
Va a ganar: Luz de luna
Puede ganar: La la land
Debería ganar: Luz de luna
MEJOR BANDA SONORA
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Luz de luna
Debería ganar: La la land
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
Va a ganar: “City of stars”, de La la land
Puede ganar: “Can´t stop the feeling”, de Trolls
Debería ganar: “Audition”, de La la land
MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Jackie
Debería ganar: Jackie
MEJOR GUION ORIGINAL
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Manchester frente al mar
Debería ganar: Manchester frente al mar
MEJOR GUION ADAPTADO
Va a ganar: Luz de luna
Puede ganar: Cercas
Debería ganar: La llegada
MEJOR ACTOR DE REPARTO
Va a ganar: Mahershala Ali, por “Luz de luna”
Puede ganar: Dev Patel, por “Un camino a casa”
Debería ganar: Jeff Bridges, por “Comanchería”
(Yo habría nominado a Sunny Pawar, en lugar de Dev Patel)
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Va a ganar: Viola Davis, por “Cercas”
Puede ganar: Michelle Williams, por “Manchester frente al mar”
Debería ganar: Viola Davis (No sólo por ser su actuación superior a las demás, sino porque su papel es tan protagonista como el de Denzel Washington. No entiendo qué hace en esta categoría).
MEJOR ACTOR:
Va a ganar: Casey Affleck, por “Manchester frente al mar”
Puede ganar: Denzel Washington, por “Cercas”
Debería ganar: Casey Affleck (En un año bastante flojo para los actores, el papel más destacado, lejos, es el del hermano de Ben).
(Ryan Gosling sobra entre los nominados)
MEJOR ACTRIZ
Va a ganar: Emma Stone, por “La la land”
Puede Ganar: Isabelle Huppert, por “Elle”, o Natalie Portman, por “Jackie”.
Debería ganar: Isabelle Huppert
(Yo habría nominado a Amy Adams por “La llegada”)
MEJOR DIRECTOR
Va a ganar: Damien Chazelle, por “La la land”
Puede ganar: Barry Jenkins, por “Luz de luna”
Debería ganar: Damien Chazelle, por “La la land”
MEJOR PELÍCULA
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Luz de luna
Debería ganar: Manchester frente al mar


              Ojalá que la Academia se muestre inspirada y marque la diferencia, como pocas veces lo ha hecho, premiando lo que realmente es digno de ser premiado, ignorando la fuerza comercial, o popular que poseen los contendientes, ateniéndose más bien a rigurosos análisis técnicos y valorando las películas como obras de arte, no como productos de una industria.  


Escrito por Juan Ignacio Raffo

lunes, 30 de enero de 2017

Comentarios sobre "Lady Susan", de Jane Austen

 

           

“Lady Susan” es una pequeña novela epistolar, escrita por la autora británica Jane Austen (1775-1817), aunque no se sabe precisamente la fecha en que la comenzó y la terminó, esto fue entre los años 1794 y 1805. Sin embargo, la obra no se divulgó hasta 1870. La obra, que la autora había dejado sin título, recibió uno de parte de su sobrino James Edward Austen Leigh. Todos estos datos se aclaran en el prólogo a la edición que poseo, escrito por Eduardo Berti, de quien también es la traducción, para Ediciones de la Banda Oriental.
            Debo mencionar que esta es la primera obra de Jane Austen que leo, y verdaderamente su lectura me ha sido satisfactoria. Sobre todo, entretenida. Leí la novela corta prácticamente de un tirón, en un día, motivo por el cual tal vez algunas cosas hayan abandonado mi memoria. Sin embargo, creo que lo más importante ha sido la visión general que obtuve de la obra, y las cuestiones literarias que quiero resaltar.
            En primer lugar, es notable cómo se realiza la caracterización de los personajes. Desde las primeras clases de literatura aprendemos que los personajes se caracterizan por lo que dicen y hacen, y por lo que otros personajes dicen de ellos. En el caso de esta obra, por ser precisamente una novela epistolar, compuesta por cincuenta y un cartas que se envían varios personajes entre sí, la caracterización se da de una manera doble. Esto es: cuando un personaje escribe una carta, al leerla el lector va construyendo la personalidad del mismo; pero además, en esta misma carta se describen a otros personajes, sus actos y sus dichos, por lo que los caracterizamos a través de los ojos de quien escribe. Y esta experiencia resulta muy enriquecedora para la construcción mental que debe elaborar el lector, dada la multiplicidad de personajes, de cartas, y de hechos conflictivos que los obligan a escribirse entre sí.
            Algo también notable son las dos primeras cartas de la novela, ambas escritas por la protagonista, Lady Susan. A partir de estas dos pequeñas cartas ya podemos tener una imagen bastante acertada de su personalidad. En la primera carta Lady Susan escribe a su cuñado de manera completamente halagüeña, y entonces nos creamos una idea de una mujer viuda sumamente dulce, humilde, en pocas palabras, una buena persona. Sin embargo, en la segunda carta, que Lady Susan escribe a su amiga Lady Johnson, su confidente, la primera muestra su verdadera cara, diciendo aborrecer a sus parientes, y, en fin, denotando una de sus principales características: la falsedad.
            La protagonista de esta obra es, pues, una anti-heroína, una mujer altamente manipuladora, que para obtener lo que quiere hace uso de su increíble belleza y, sobre todo, su retórica, para convencer, principalmente, a los hombres que la rodean. Sin embargo, ésto no le resulta tan bien con las mujeres: el rol antagónico del libro lo lleva a cabo el personaje de Catherine Vernon, su cuñada, que se da cuenta inmediatamente de sus intenciones, e intenta frustrar sus planes.
            La trama de la obra se basa en los enredos que crea Lady Susan para poder conseguir matrimonio, ya sea para su hija, a quien detesta y trata mal, o para sí misma, para así asegurar su riqueza futura y su posición social. Como sus planes terminan involucrando al hermano de Catherine, ésta debe interceder, no sólo por la seguridad y felicidad de su hermano, sino también por la de su sobrina. El círculo de los personajes es bastante cerrado, al tratarse de un ambiente familiar, en el campo; según tengo entendido, esto es una constante en las principales obras de Austen.
            Para terminar me gustaría hacer mención de dos cuestiones. La primera, en relación a la obra, es que, a pesar de que ésta ya ha sido llevada al cine (sólo que aún no se ha estrenado en todos los países latinoamericanos), se me ocurrió durante la lectura que si hay dos actrices a las cuales los roles de Lady Susan y Catherine Vernon les quedarían más que perfectos serían a (una joven) Jessica Lange y a (una joven) Meryl Streep, respectivamente (se adjuntan imágenes). Esto se reafirma en mi imaginación pensando en uno de los puntos más álgidos del libro: cuando ambas se confrontan, lanzándose mutuamente indirectas, ataques disfrazados, lo que aumenta la tensión del lector.

            Y la segunda cuestión que quería mencionar era lo bien escogida que ha sido la imagen para la portada del libro. Se trata de un Óleo de Sir Thomas Lawrence, que aquí adjunto, y que, a través de la mirada retratada, al menos después de la lectura de la obra, transmite la sensación de lo pérfida y a la vez encantadora que podía ser Lady Susan.



Dardo Andrés Arbiza

domingo, 22 de enero de 2017

La ciudad de las estrellas (La la land, 2016), de Damien Chazelle.

            Este elocuente musical ha recibido notable atención mediática últimamente, y se está llevando premios en todas las ceremonias de la temporada. Vamos a ver hasta qué punto está todo esto justificado.
            Dirigida por el creador de “Whiplash” (2014), esta cinta se puede encajonar en varios géneros simultáneamente. Es un romance, un drama, un musical, y muchas otras cosas. Se pueden distinguir dos partes en la obra (que no tienen relación con las establecidas por el realizador). La primera, que va más o menos hasta la mitad, es un pintoresco musical, no muy sofisticado, pero muy moderno, alegre y plagado de  baile, luces y colores. Por otra parte, la segunda mitad es mucho más dramática –en el plano estrictamente narrativo-, y la música pasa a tener las mismas funciones que en (casi) cualquier cinta romántica. Si no fuera por la solitaria interpretación del personaje de Emma Stone en su última audición, no tendríamos canto y baile hasta el final. De todas formas la película posee un alto grado de dramatismo a lo largo de sus dos horas de duración, ya que la música siempre logra reemplazar la acción y generar la misma sensación de expectación, preocupación o ansiedad que aquella.  
            Se pueden identificar dos hilos narrativos, cada uno protagonizado por un integrante de la pareja estrella, conformada por Mia y Sebastian. Estas dos guías comienzan a cruzarse muy pronto, hasta finalmente unirse y conformar, al menos por un tiempo, una sola.
            La cinta posee un interesante trabajo de fotografía, con una función muy expresiva. Se nota un estilo bien definido, tanto en lo que se refiere a  angulación y movimiento de cámara, como a la iluminación y el uso del color. Eso refleja un gran trabajo de planificación, tomando en cuenta el guion y las escenas de baile y música. Predominan el violeta y el azul, pero frecuentemente se logran combinaciones asombrosas con otros colores, que otorgan alegría, melancolía, sensación de optimismo o de nostalgia a la narración.
            Las dos estrellas principales brillan tanto, que se podría decir que todo los demás participantes (John Legend, J. K. Simmons) parecen extras sin importancia (aunque no lo son). El guion está muy logrado, con un final algo predecible pero auténtico, adecuado y muy, muy personalizado, claramente dirigido a la vida interior del espectador. Es imposible no sentirse tocado por una extraña sensación de melancólica nostalgia, de remordimiento, de posterior resignación, y también de impulso hacia el futuro, pues la película no sólo se ocupa de lamentar el olvido que ocasiona el pasar del tiempo y la evolución del hombre, sino que también propone mirar hacia adelante con ojos de esperanza y fascinación por las nuevas formas de vida y arte que tomarán el lugar de aquellas que irán muriendo paulatinamente en nuestra memoria.  
            Sobre la realización, hay que reconocer el gran trabajo de Damien Chazelle, que nuevamente nos propone una cinta relacionada con su pasión el jazz, pero sin repetir las mismas premisas que su anterior película. Nos ofrece no sólo una nueva perspectiva, sino un estudio que va mucho más allá de la música misma, que comprende la realidad moderna. Emma Stone está brillante en su representación de Mia, una optimista camarera con deseos de ser actriz, confundida a menudo por el fantasma de la desilusión, y Ryan Gosling interpreta muy bien a la frustrada figura del pianista Sebastian.
            La cinta se destaca por provocar reminiscencias del cine clásico, el cual es aquí la estructura alegórica con que se pretende transmitir las ideas de nostalgia y optimismo antes mencionadas. Esto está íntimamente ligado al montaje y la fotografía, pero también se percibe en otros elementos: las transiciones de planos, ciertas angulaciones, las letrinas, el diseño de producción y los hechos mismos. No es errada la suposición de que “City Stars” es la versión moderna de “As time goes by” de “Casablanca”, probablemente la película más referenciada en esta obra, junto con “Rebelde sin causa”.
            También pueden percibirse incontables influencias del cine de los años 30, 40 y 50, no sólo de musicales. A mí me recordó la película “Las zapatillas rojas” (1948), de Emeric Pressburger y Michael Powell.
            Se puede decir que el filme falla en ciertos aspectos técnicos; el canto y las coreografías no están siempre a un excelente nivel, a veces la fotografía no es tan adecuada, a veces se puede notar cierta incomodidad en los actores, existe cierta irregularidad en el ritmo, etc. También se puede decir que artísticamente la película no logra todo lo que se propone. Pero debe reconocerse aquí un gran trabajo conjunto de todas las partes que conforman una obra cinematográfica, logrando casi siempre armonía y reluciente belleza, acompañando fielmente el transcurso de los hechos. Es una película muy disfrutable. Intensa, evocadora y, de vez en cuando, impactante.  
             No es la mejor del año, pero seguramente acabará llevándose varios premios Óscar. A la Academia le encanta este tipo de películas.    

Nota 9/12


lunes, 26 de diciembre de 2016

La Navidad y el cine: "Una historia de Navidad" (1983)


          En ciento veinte años de cine, la Navidad ha sido uno de sus temas preferidos. La película más antigua conocida es “Scrooge, o el fantasma de Marley”, que es también la primera adaptación de la celebrada obra de Charles Dickens, “Cuento de Navidad”, que posteriormente recibiría más de una decena de nuevas versiones.
            Se puede decir que existen dos tipos de películas navideñas. Primero, aquellas que tratan concretamente el tema navideño, como la celebración, los presentes, Santa Claus, el Árbol de Navidad, etc. Luego están aquellas que transcurren durante la época de Navidad, o que están relacionadas con esta de una forma menos directa o menos evidente. En la primera categoría entra perfectamente “De ilusión también se vive”, de George Seaton. En la segunda podríamos ubicar, por ejemplo, a “¡Qué bello es vivir!”, de Frank Capra.
            Antes de pasar a comentar la película principal de este artículo, dejaré una pequeña lista de las películas que toda persona movida por el cine y el espíritu navideño debería ver.
            Estas son:
-          “Cuento de Navidad” (1938)
-          “Cita en San Luis” (1944)
-          “¡Qué bello es vivir!” (1946)
-          “De ilusión también se vive” (1947)
-          “Blanca Navidad” (1954)
-          “Muchas gracias, Mr. Scrooge” (1970)
-          “Una historia de Navidad” (1983)
-          “Gremlins” (1984)
-          “Mi pobre angelito” (1990)
-          “Eduardo Manostijeras” (1990)
-          “Pesadilla antes de Navidad” (1993)
                  En opinión de quien escribe, “¡Qué bello es vivir!” es la mejor película navideña de la historia.
                  Ahora ocupémonos por un rato de la séptima entrada de la lista, que he tenido el agrado de ver hace muy poco.
                 “Historias de Navidad” (A Christmas Story en inglés) es una película de 1983 dirigida por Bob Clark, con Peter Billingsley, Melinda Dillon y Darren McGavin en los papeles principales. El guion es la adaptación de un libro de cuentos autobiográficos de Jean Shepherd, y cuenta un conjunto de anécdotas acaecidas a una familia de Minnesota en los años 40.   
                   En el momento de su estreno el film tuvo una recepción bastante pobre, tanto por parte del público como de la crítica. Sin embargo, con el paso de los años y las reemisiones anuales, la cinta ha ganado un prestigio notable. Actualmente se la considera entre las mejores películas navideñas de la historia. 
                   El film está muy bien realizado, y aparenta cumplir con lo que se propone. No me parece pretenciosa, ni ambiciosa. Es sencilla, familiar, y muy sutil. Emplea un humor ingenioso, presentando situaciones extrañas, a veces grotescas, con cierta pincelada de humor negro. Es una deliciosa comedia, que no agota sus recursos nunca; de principio a fin el espectador presenciará situaciones impregnadas de la más absurda e insólita comicidad. 
                   Se nos muestra una familia para nada ideal, muy cotidiana, muy cercana a la de cualquiera de nosotros. Viven el día a día enfrentando sus problemas, a veces resolviéndolos, y a veces simplemente aprendiendo a convivir con ellos. La relación que se produce entre personajes tan heterogéneos y raros, resulta mucho más familiar y amena, que aquella que muestran películas con gente “más normal”. 
                    El guion es inteligente, y más allá de algunos desperfectos minúsculos, me parece que está muy logrado. La fotografía no es excelsa, pero es la adecuada. El montaje se lleva todos los aplausos; es interesante, algo original para su tiempo y ayuda mucho a aumentar la comicidad de las escenas. 
                     Las actuaciones son, en general, bastante buenas. La película pedía cierto histrionismo en algunos de sus personajes, así como cierta profundidad, cierto sentimentalismo en su frustrado protagonista, y creo que todos los actores dieron lo mejor de sí. La interpretación más destacada es sin duda la de Peter Billingsley. 
                     La trama principal, el peligroso regalo deseado por Ralphie, juntos con todas las otras subtramas que se entrecruzan constantemente (la composición de Navidad, la "pierna lámpara", el bullying en la escuela, etc.) funcionan muy bien en conjunto. Corren de la mano hacia un final que no tiene la intención de resolverlo todo, pues también resulta cotidiano y familiar. 
                     Algo muy notable de la película, que ayuda a desarrollar varias de las subtramas y a entender mejor al protagonista son las frecuentes ensoñaciones de Ralphie. Alimentan la tensión general sobre la resolución de la trama, y divierten muchísimo al espectador.
                     En conclusión, tenemos ante nosotros una sabrosa comedia que, siendo ella imperfecta, muestra a su vez los imperfectos de una familia americana en tiempos de Navidad, y los de la Navidad misma. ¡Un deleite! 



Nota: 8/12








                                                                                                                                                                                                        




                                                         

viernes, 9 de septiembre de 2016

Literatura: Ocho poemas de Charles Baudelaire

                       Hace poco culminé la lectura de “Las flores del mal”, obra notable de este genial poeta francés del siglo XIX. Fue una experiencia enriquecedora y muy placentera.
                        La obra está dividida en seis partes, a saber:
I.                   Spleen e ideal
II.                Cuadros parisinos
III.             El vino
IV.             Las flores del mal
V.                Rebelión
VI.             La muerte

Me propuse para este artículo seleccionar ocho poemas de mi agrado, para recomendar al ocasional lector, y hacer breves comentarios. Trataré de que haya en mi selección al menos un poema de cada parte, y dejaré enlaces para que puedan ser leídos en las traducciones que juzgue más acertadas. Dicho esto, empecemos.
De Spleen e ideal:
1)-“El albatros”
En la primera parte del libro, Baudelaire nos presenta un mundo caótico y desolador, donde toda aspiración por la pureza o lo ideal se ve terminantemente frustrada por la tentación del mal. Aquí el poeta propone al tedio como origen de ese acercamiento a lo prohibido, a lo impuro.
El poema recomendado no es otra cosa que una alegoría, que representa al poeta sumido en un mundo condenado a la perdición. Él es más grande que ese mundo; lo trasciende. En él se siente perdido, solo e inútil. No puede vivir en ese mundo de caminantes, y por eso es rechazado. El paralelismo es claro: el cielo y la poesía; la cubierta del barco y la miseria. El poeta sufre las consecuencias del tedio, que embriaga al hombre corriente y lo envilece. No puede adaptarse a ese mundo oscuro en el que es objeto de burla.

2)- “Correspondencias”
Este soneto postula la existencia de dos mundos, que al mismo tiempo postulan al hombre mismo. Tenemos, por un lado, el mundo espiritual, del pensamiento y las ideas. Por otro, el mundo material, de las sensaciones. El poema plantea que los elementos del mundo material se corresponden con elementos del mundo espiritual, de una forma desconocida. El poeta tiene la capacidad y el deber de descubrir esas relaciones. Todo lo material esconde un secreto que va más allá de sí mismo. Hay un lenguaje que es confuso para el hombre, y que debe ser interpretado. El mundo es un bosque de símbolos. El poeta se adentra en esa naturaleza de vivos pilares –a la que pertenece y por eso le es familiar-, y descubre las correspondencias entre perfumes, colores y sones. Baudelaire se vale del hipérbaton y la sinestesia para transmitir su idea, logrando imágenes maravillosas. Las correspondencias también se establecen dentro de cada uno de los mundos, y su descubrimiento es muy dificultoso, ya que todo allí es confuso. 
3)- El muerto jubiloso
Este poema es un canto de liberación del martirio de la vida. Una oda a la muerte como salvación para el hombre. Evadir la sociedad y el mundo terrenal es el propósito del yo lírico; rehúye por lo tanto las tradiciones funerarias y se hace amigo del gusano y los cuervos. La imagen de la carroña consumida por parásitos es muy frecuente en la obra de Baudelaire, y tal vez aquí esté más presente que en cualquier otro poema. El poeta se siente solo, angustiado, pero principalmente se siente derrotado por el resto del mundo, por el sinsentido de la vida. Está invadido de odio, y descubre en la muerte el único camino posible para escapar al tormento. Si bien el hombre se muestra jubiloso ante su hallazgo, ante la muerte, deja vislumbrar en el último terceto un cierto temor, asociado al desconocimiento de lo que sucederá luego.

De Cuadros Parisinos:
1)- A un transeúnte
En general, en esta parte de la obra Baudelaire nos presenta a París como una segunda naturaleza creada por los hombres. Edificios por árboles, calles por senderos, hombres por animales… La declara aborrecible y hostil, y así la muestra, con mucha persistencia, en todos los poemas de esta sección.
No sucede de otra forma en este, donde se expone un fugaz encuentro del poeta con una mujer, un transeúnte que pasa y lo deja, y desaparece para siempre. El hombre percibe en la mujer una especie de salvación de ese mundo hostil, un poco de felicidad, la aniquilación del tedio, del spleen, del perpetuo hastío. Pero inmediatamente se da cuenta de que su oportunidad se ha esfumado a la velocidad de un rayo, y que, nuevamente sumido en la noche, tendrá que seguir esperando un instante para renacer, tal vez también por causa del amor.
Algo muy importante en este poema, enfatizado por Baudelaire mediante metáforas y antítesis, es el tiempo. Hay una brutal e injusta diferencia entre el tiempo que dura el spleen (que a su vez contribuye a aumentarlo) y el que dura el encuentro, o cualquier señal de salvación. El poeta finaliza la obra expresando con declamaciones el fastidio por la oportunidad desperdiciada, mientras regresa a su tediosa vida parisiense.

De “El vino”:
1)- El alma del vino
                        En este caso me parece que el término “espíritu” es más apropiado, porque permite entender mejor la idea central de la obra. No es necesario señalar el tema de esta sección que profundiza en el hábito de beber vino y en el vino mismo. Esta bebida aparece como amiga fiel del poeta; le proporciona la clarividencia necesaria para hacer poesía, de alguna manera lo acerca a Dios. La imagen del espíritu del vino encerrado en la botella recuerda a las historias árabes de los genios encerrados en lámparas, que conceden deseos, y son capaces de realizar milagros. El vino no olvida su origen, reconoce en el hombre a su creador y lo eleva, ofreciéndole sus servicios, que lo llevarán a él mismo a un lugar más placentero que la vieja botella. Es notable cómo el vino, yo lírico del poema, se vale de lúcidas metáforas, símiles o sinestesias, para convencer al hombre de sus valores y pedirle que lo beba. El vino no sólo tiene la capacidad de aliviar las fatigas, calmar el dolor, pasar el tiempo, sino que también posee el don de dar la inspiración que tanto busca el poeta. Esa es su principal misión.
                        http://ciudadseva.com/texto/el-alma-del-vino/
                       
                        De “Las flores del mal”:
                        1)- Lesbos
                        Lesbos es una isla griega habitada desde la antigüedad. Allí vivió y escribió la famosa poeta Safo. El término “lesbiana” tiene su origen en la creencia de que en esa isla, en los tiempos de la poeta nombrada, las relaciones entre mujeres era una práctica muy común.           
                        El lesbianismo era un tema ya muy recurrido en el siglo XIX. Baudelaire dedicó su libro a su maestro, el poeta Théophile Gautier, autor de Mademoiselle de Maupin, que aborda la sexualidad femenina y las relaciones del mismo sexo. 
                        Baudelaire describe a Safo a la manera mitológica; esgrime un personaje promiscuo, sumergido en los ritos sexuales establecidos en Lesbos, en el lesbianismo, aunque no por ello rehúye el amor heterosexual (Se dice que fue amante de Alceo, y pretendió el amor de un hombre llamado Faón). Según el mito, Safo se suicidó arrojándose al mar desde la piedra de Léucade debido a que su amor por Faón no era correspondido. Baudelaire condena este acto por realizarlo en un sitio sagrado, y por violar las normas establecidas en Lesbos. Incluso la enfrenta a Platón, a quien tradicionalmente se le conoce como enemigo de los poetas, aunque esto no sea del todo cierto. La cuestión es que la verdadera Safo poco tenía que ver con el mito; ni era promiscua, ni viril, ni se suicidó. El hecho de que el poema contuviera tantas connotaciones sexuales, aunque sólo es el resultado de una cascada de obras similares desde Ovidio hasta Anacreonte, hizo que fuera censurado varias veces.

                        De “Rebelión”:
                        1)- Abel y Caín
                        Naturalmente el título alude al famoso mito aparecido en el Viejo Testamento, donde Abel y Caín son hermanos, hijos de Adán y Eva. El poema habla de las “razas” de Caín y Abel y no propiamente de estos, pero se sirve del mito para caracterizar a ambos conjuntos. Estos están completamente separados y enfrentados mediante un juego de dísticos. Así como en el mito Abel es el hermano menor, pastor cuyos sacrificios contentan en demasía a Dios, la raza que representa vive en el goce eterno, en la libertad y los placeres, en la riqueza y la armonía. Se puede decir que estamos hablando de gente que vive cómodamente, que sin mayores esfuerzos alcanza la prosperidad. La raza de Caín, representado por el esforzado personaje que no alcanza a maravillar de igual forma a Dios, es justamente la raza sin libertad, sin placeres, condenada al trabajo tortuoso, a arrastrarse y sufrir, a desear con apetito las gracias de la raza de Abel, y a vivir eternamente en la miseria.
                        El final del poema, en el último dístico, se ordena a la raza de Caín a obrar sobre ese contraste, a acabar para siempre con la prosperidad y la pasividad de la raza de Abel. Invita, en definitiva, a la raza de Caín a rebelarse ante Dios. Dios sobre la tierra implica un acercamiento a lo mundano, al trabajo, al esfuerzo. Fuera de su territorio, Dios pierde el poder de hacer distinciones entre las razas. Esto no llega a suceder. Queda simplemente la orden, que más bien parece una súplica, por algo imposible de cumplir.


                        De “La muerte”:
                        1)- El sueño de un curioso.
                        Se ha comparado este libro con La Divina Comedia en diversas ocasiones. El segmento “Las flores del mal” sería el Infierno, pero aquí no hay Paraíso; ningún personaje está destinado al éxito. Lo que tenemos es “La muerte”, donde concluye el libro, despidiendo a esos personajes condenados, para siempre.
                        La curiosidad por lo desconocido ha permitido al hombre progresar científicamente, filosóficamente y artísticamente. La búsqueda de la verdad, el sentido de la vida, lo absoluto, el intento de responder preguntas clásicas sobre nuestra existencia… Y la muerte no escapa a la curiosidad. Hay personas que lo llevan a un límite tal, que acaban recurriendo al suicidio para saciarse. Este poema es justamente eso. La fascinación de un hombre por el misterio oculto más allá de la vida, que lo lleva a buscar la muerte  y gozar cada minuto de la espera. Con ansias, aunque con cierto dolor; sabe que es posible que nunca se entere de la verdad. Morir y no saber; morir en vano.
                        Baudelaire crea un final: el hombre cruza el umbral y espera. Una aurora lo envuelve. El telón levantado y él allí sin respuesta. Descubre con decepción que no es más que eso. A mí me gustó particularmente este poema, pues la muerte ha sido el meollo de muchas de mis reflexiones nocturnas.


                        http://ciudadseva.com/texto/sueno-de-un-curioso/


Juan Ignacio Raffo