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sábado, 8 de abril de 2017

Literatura sumero-acadia: Cantar de Gilgamesh.

“¿Quién, amigo mío, será vencedor de la muerte?”
“Del género humano los días están contados; todo lo que hace no es sino soplo”
Originalmente denominado Sha naqba īmuru (Aquel que ha visto las profundidades), el hoy conocido como Cantar de Gilgamesh constituye una obra que puede dar lugar a larguísimos análisis, estudios históricos y literarios. 
El Cantar del Gilgamesh no es la obra literaria más antigua del mundo, ni la más antigua en conservación. Existen muchos textos literarios anteriores. Eso sí: ninguno es tan largo, ni tan complejo como éste. Ninguno es una epopeya. Este es, pues, el poema épico más antiguo del mundo. Se cree que la obra completa existía ya a mitad del segundo milenio antes de Cristo. De todas formas, las historias de Gilgamesh se remontan hasta el tercer milenio antes de cristo, y el famoso rey, en el caso de haber existido, seguramente vivió hacia 2700 a.c. 
 Los sumerios, establecidos hace miles de años en Mesopotamia, a orillas de los ríos Éufrates y Tigris, tenían creencias muy similares a otros pueblos de la época y posteriores, como los egipcios y los griegos. Creían en la existencia de un conjunto de seres inmortales, muy superiores a ellos, que habitaban en distintas partes del mundo. Sobre todos ellos estaba Anu, el dios principal, equivalente a Zeus. Habitante del cielo más alto, su poder ultrapasa al de los otros dioses, pero no es capaz de contenerlos a todos, como se verá más adelante. La tríada sumeria la completan Enlil (inicialmente el dios supremo), el señor del viento, y Enki, señor de los abismos acuáticos. Otros dioses de alta importancia son Ki, diosa de la Tierra, Sin, diosa de la Luna, e Inanna (también llamada Ishtar por los acadios), diosa del amor y de la guerra. Inanna era la diosa protectora de Uruk, ciudad cuyo rey era Gilgamesh, por lo que será ampliamente citada.
Sobre los pueblos que habitaron Mesopotamia en la antigüedad: Primero fueron los sumerios, habitantes de Sumer. En esta época, la civilización se organizaba a la manera de las polis griegas, con grandes ciudades casi independientes entre sí, gobernadas cada una por un rey. Las más famosas fueron Eridu, Ur, Larak, Shuruppak, Kish y Uruk. Con el tiempo los sumerios dieron lugar a otros pueblos, algunos de los cuales mantuvieron las tradiciones y el culto a los mismos dioses. Primero fueron los acadios (co-escritores del poema de Gilgamesh), luego vinieron los asirios, que habitaban el norte de Mesopotamia mientras los babilónicos habitaban el sur, y luego los persas (significativamente distintos a los anteriores), que fueron arrasados por el ejército de Alejandro Magno, estableciéndose el Imperio de Macedonia. También habitaron esas tierras o sus cercanías los hititas y los hurritas.  
LA OBRA:
Las historias sobre Gilgamesh tienen una gran antigüedad. De la época sumeria sólo se conservan algunos poemas relacionados con el mito, aunque son de difícil unificación. Es decir, no parece haber un cantar que lo contenga todo. Eso ha hecho que gran parte de los estudiosos se inclinen a pensar que el cantar que nos ocupa se originó en un tiempo posterior a Sumer, probablemente en el tiempo de los acadios, basándose por supuesto en esa gran colección de pequeños cantares o poemas que circulaban desde tiempos muy primitivos.
La escritura fundamental de los pueblos sumerio y acadio era la cuneiforme. Esta se hacía sobre tablillas de arcilla húmeda. Se representaban con pictogramas, que parecían cuñas (de ahí el nombre), palabras y objetos. Este primitivo método fue usado por muchas otras civilizaciones de la antigüedad. El Cantar de Gilgamesh fue concebido y reproducido en estas tablillas.
La obra ha llegado a nuestros días en fragmentos, debido a la erosión y mutilación de tablillas, lo cual hace que la lectura sea muy entrecortada, y por momentos algo frustrante. El fragmento más completo, cuya inscripción se considera la versión estándar, es el hallado en la biblioteca del último gran rey asirio Assurbanipal, en las ruinas de Nínive. Otros fragmentos de la obra, así como cantares relacionados a Gilgamesh, fueron hallados en otras ruinas asirias, babilónicas, acadias, sumerias e incluso hititas. Estas ayudaron a completar parte de las lagunas del texto de Nínive, aunque hasta el momento sólo se ha logrado reconstruir poco más de la mitad del poema. De todas formas, lo que se tiene es suficiente para tener una visión general de la obra bastante satisfactoria, y para percibir sus mayores virtudes, su calidad literaria.
El poema de Nínive se compone de once tablillas divididas en seis columnas cada una. Temáticamente los estudiosos han segmentado la obra en dos partes:

1-      La búsqueda de la gloria (Tablilla I a la VI)

2-      La búsqueda de la inmortalidad (Tablilla VII a la XI)

Si bien es cierto que existe una marcada diferencia temática entre las dos partes, en realidad, la obra entera se podría contener en la idea de la segunda parte, pues la gloria es también una forma de inmortalidad.
Lo que sigue es un repaso de todos los hechos que suceden en la obra. El lector podrá notar muchas semblanzas con otras obras clásicas de la literatura. Por eso muchos dicen que esa es la obra original, que en cierta forma ya lo contiene todo. 

1-    La búsqueda de la gloria

Al principio de la obra Gilgamesh es presentado como un ser de naturaleza semidivina, alto, fuerte y desmesurado. Es un un rey tirano que comete constantes abusos de poder. El pueblo, descontento por el hybris del héroe, se queja al dios Anu. Así nace Enkidu, un fuerte guerrero capaz de enfrentar al rey de Uruk, y detener su violencia. Enkidu nace y se cría como un salvaje, entre las bestias, lejos de la ciudad amurallada. Un cazador advierte la presencia del monstruo en el bosque y, asustado, va a pedirle ayuda a Gilgamesh. Éste le dice que lleve con él a una qadishtú, prostituta sagrada del templo de Ishtar, para debilitar a Enkidu mediante el acto carnal (podría hablarse de un arquetipo de "La bella y la bestia"). De esta forma, Enkidu se vuelve humano y las bestias, antes sus compañeras, acaban rechazándolo. Humanizado, Enkidu viaja junto a la hieródula a Uruk para enfrentar a su rey. Se desarrolla un fiero combate, hasta que Gilgamesh “dobla la rodilla”, señal de que es derrotado. Sin embargo, a partir de este momento nace entre ambos una amistad inquebrantable. Un tiempo después, los dos héroes se preparan para una aventura capaz de darles la gloria: una visita al Bosque de los Cedros para derrotar a su guardián, Humbaba, un monstruo gigante relacionado con el mal augurio (Similar al Polifemo de "La odisea"). Luego de largos preparativos, los héroes viajan. Gilgamesh recurre a Shamash, dios del sol, para que lo proteja en su lucha. Luego de una larga y azarosa batalla, el gigante es derrotado, implorando al final por su vida. Enkidu decide no perdonarlo y lo mata. Luego de esto los héroes regresan a Uruk. La diosa Ishtar desea el amor de Gilgamesh, pero éste la rechaza. Indignada, intima al dios Anu a lanzar al Toro Celestial para que destruya la amurallada Uruk y a su rey. La criatura del cielo llega a la ciudad causando destrozos. Gilgamesh y Enkidu se presentan, combaten, y matan a la bestia. La primera parte termina con un festín dado por el rey, en honor a sus grandes virtudes.

2-    La búsqueda de la inmortalidad.

Gilgamesh y Enkidu descansan luego del festín. Enkidu tiene sueños premonitorios, donde los grandes dioses se reúnen para decidir su muerte. Luego de varios días y varios sueños, Enkidu ¿enferma? y muere, lamentando el hecho de no morir en la batalla. El dolor de Gilgamesh por la muerte de su amigo es verdaderamente grande. Ordena erigir una estatua en su honor y busca la soledad en la llanura. Empieza a cuestionarse sobre la muerte, sobre su muerte. La rebeldía comienza a latir en su interior y decide que debe buscar evitar ese incomprensible destino. Sabiendo que cierto hombre, un antiguo rey de nombre Ut-Napishtim, logró la inmortalidad, emprende un largo y aparatoso viaje a los confines del mundo para descubrir su secreto. Luego de mucho andar entre montañas y bosques, llega a los montes Mashu, donde se encuentra con hombres escorpiones, seres aterradores que guardan la salida del Sol. Gilgamesh suplica para que le dejen pasar, contándoles su objetivo, y las criaturas lo dejan. Shamash, su dios protector, intenta convencer al rey el abandono de su búsqueda, pero la ambición de Gilgamesh no para nunca de crecer. No sólo quiere la inmortalidad de los hombres, también quiere traer a los muertos de vuelta a la vida. El héroe conoce a una mujer llamada Sidura, quien le advierte de los peligros de su odisea. Gilgamesh insiste y se le es revelado que sólo podrá atravesar el tenebroso océano en la barca de Ur-Shanabi. Gilgamesh va a su encuentro y el barquero acepta llevarlo hasta Ut-Napishtim. Luego de un largo viaje por mar, llegan finalmente a la morada del inmortal. Luego de la presentación entre ambos, Ut-Napishtim empieza el célebre relato del Diluvio, episodio del que salió convertido en un ser inmortal (relato muy similar al que aparece en el Génesis) . Luego de esto, el dueño de casa intenta desanimar a Gilgamesh de su empresa y luego de ponerlo en una prueba para demostrarle que la vida de los hombres depende de la voluntad de los dioses y que la condición humana es efímera, manda a Ur-Shanabi a lavar las vestiduras de Gilgamesh y antes de que se marchen le hace una revelación al rey de Uruk: le habla sobre la existencia de cierta planta de la inmortalidad escondida en el fondo del mar. El héroe se sumerge y coge la planta, pero no la come. Decide llevarla a la ciudad para plantarla y que de ella todos coman. Pero sucede una peripecia: Gilgamesh siente calor y decide bañarse en una fuente, dejando a la planta desprotegida. Una astuta serpiente siente su olor y la roba. ¿Némesis? Así, Gilgamesh, resignado, vuelve a su ciudad y levanta murallas y grandes templos, para que al menos pueda vivir la tenue inmortalidad de la fama. 

Juan Ignacio Raffo

lunes, 30 de enero de 2017

Comentarios sobre "Lady Susan", de Jane Austen

 

           

“Lady Susan” es una pequeña novela epistolar, escrita por la autora británica Jane Austen (1775-1817), aunque no se sabe precisamente la fecha en que la comenzó y la terminó, esto fue entre los años 1794 y 1805. Sin embargo, la obra no se divulgó hasta 1870. La obra, que la autora había dejado sin título, recibió uno de parte de su sobrino James Edward Austen Leigh. Todos estos datos se aclaran en el prólogo a la edición que poseo, escrito por Eduardo Berti, de quien también es la traducción, para Ediciones de la Banda Oriental.
            Debo mencionar que esta es la primera obra de Jane Austen que leo, y verdaderamente su lectura me ha sido satisfactoria. Sobre todo, entretenida. Leí la novela corta prácticamente de un tirón, en un día, motivo por el cual tal vez algunas cosas hayan abandonado mi memoria. Sin embargo, creo que lo más importante ha sido la visión general que obtuve de la obra, y las cuestiones literarias que quiero resaltar.
            En primer lugar, es notable cómo se realiza la caracterización de los personajes. Desde las primeras clases de literatura aprendemos que los personajes se caracterizan por lo que dicen y hacen, y por lo que otros personajes dicen de ellos. En el caso de esta obra, por ser precisamente una novela epistolar, compuesta por cincuenta y un cartas que se envían varios personajes entre sí, la caracterización se da de una manera doble. Esto es: cuando un personaje escribe una carta, al leerla el lector va construyendo la personalidad del mismo; pero además, en esta misma carta se describen a otros personajes, sus actos y sus dichos, por lo que los caracterizamos a través de los ojos de quien escribe. Y esta experiencia resulta muy enriquecedora para la construcción mental que debe elaborar el lector, dada la multiplicidad de personajes, de cartas, y de hechos conflictivos que los obligan a escribirse entre sí.
            Algo también notable son las dos primeras cartas de la novela, ambas escritas por la protagonista, Lady Susan. A partir de estas dos pequeñas cartas ya podemos tener una imagen bastante acertada de su personalidad. En la primera carta Lady Susan escribe a su cuñado de manera completamente halagüeña, y entonces nos creamos una idea de una mujer viuda sumamente dulce, humilde, en pocas palabras, una buena persona. Sin embargo, en la segunda carta, que Lady Susan escribe a su amiga Lady Johnson, su confidente, la primera muestra su verdadera cara, diciendo aborrecer a sus parientes, y, en fin, denotando una de sus principales características: la falsedad.
            La protagonista de esta obra es, pues, una anti-heroína, una mujer altamente manipuladora, que para obtener lo que quiere hace uso de su increíble belleza y, sobre todo, su retórica, para convencer, principalmente, a los hombres que la rodean. Sin embargo, ésto no le resulta tan bien con las mujeres: el rol antagónico del libro lo lleva a cabo el personaje de Catherine Vernon, su cuñada, que se da cuenta inmediatamente de sus intenciones, e intenta frustrar sus planes.
            La trama de la obra se basa en los enredos que crea Lady Susan para poder conseguir matrimonio, ya sea para su hija, a quien detesta y trata mal, o para sí misma, para así asegurar su riqueza futura y su posición social. Como sus planes terminan involucrando al hermano de Catherine, ésta debe interceder, no sólo por la seguridad y felicidad de su hermano, sino también por la de su sobrina. El círculo de los personajes es bastante cerrado, al tratarse de un ambiente familiar, en el campo; según tengo entendido, esto es una constante en las principales obras de Austen.
            Para terminar me gustaría hacer mención de dos cuestiones. La primera, en relación a la obra, es que, a pesar de que ésta ya ha sido llevada al cine (sólo que aún no se ha estrenado en todos los países latinoamericanos), se me ocurrió durante la lectura que si hay dos actrices a las cuales los roles de Lady Susan y Catherine Vernon les quedarían más que perfectos serían a (una joven) Jessica Lange y a (una joven) Meryl Streep, respectivamente (se adjuntan imágenes). Esto se reafirma en mi imaginación pensando en uno de los puntos más álgidos del libro: cuando ambas se confrontan, lanzándose mutuamente indirectas, ataques disfrazados, lo que aumenta la tensión del lector.

            Y la segunda cuestión que quería mencionar era lo bien escogida que ha sido la imagen para la portada del libro. Se trata de un Óleo de Sir Thomas Lawrence, que aquí adjunto, y que, a través de la mirada retratada, al menos después de la lectura de la obra, transmite la sensación de lo pérfida y a la vez encantadora que podía ser Lady Susan.



Dardo Andrés Arbiza

viernes, 9 de septiembre de 2016

Literatura: Ocho poemas de Charles Baudelaire

                       Hace poco culminé la lectura de “Las flores del mal”, obra notable de este genial poeta francés del siglo XIX. Fue una experiencia enriquecedora y muy placentera.
                        La obra está dividida en seis partes, a saber:
I.                   Spleen e ideal
II.                Cuadros parisinos
III.             El vino
IV.             Las flores del mal
V.                Rebelión
VI.             La muerte

Me propuse para este artículo seleccionar ocho poemas de mi agrado, para recomendar al ocasional lector, y hacer breves comentarios. Trataré de que haya en mi selección al menos un poema de cada parte, y dejaré enlaces para que puedan ser leídos en las traducciones que juzgue más acertadas. Dicho esto, empecemos.
De Spleen e ideal:
1)-“El albatros”
En la primera parte del libro, Baudelaire nos presenta un mundo caótico y desolador, donde toda aspiración por la pureza o lo ideal se ve terminantemente frustrada por la tentación del mal. Aquí el poeta propone al tedio como origen de ese acercamiento a lo prohibido, a lo impuro.
El poema recomendado no es otra cosa que una alegoría, que representa al poeta sumido en un mundo condenado a la perdición. Él es más grande que ese mundo; lo trasciende. En él se siente perdido, solo e inútil. No puede vivir en ese mundo de caminantes, y por eso es rechazado. El paralelismo es claro: el cielo y la poesía; la cubierta del barco y la miseria. El poeta sufre las consecuencias del tedio, que embriaga al hombre corriente y lo envilece. No puede adaptarse a ese mundo oscuro en el que es objeto de burla.

2)- “Correspondencias”
Este soneto postula la existencia de dos mundos, que al mismo tiempo postulan al hombre mismo. Tenemos, por un lado, el mundo espiritual, del pensamiento y las ideas. Por otro, el mundo material, de las sensaciones. El poema plantea que los elementos del mundo material se corresponden con elementos del mundo espiritual, de una forma desconocida. El poeta tiene la capacidad y el deber de descubrir esas relaciones. Todo lo material esconde un secreto que va más allá de sí mismo. Hay un lenguaje que es confuso para el hombre, y que debe ser interpretado. El mundo es un bosque de símbolos. El poeta se adentra en esa naturaleza de vivos pilares –a la que pertenece y por eso le es familiar-, y descubre las correspondencias entre perfumes, colores y sones. Baudelaire se vale del hipérbaton y la sinestesia para transmitir su idea, logrando imágenes maravillosas. Las correspondencias también se establecen dentro de cada uno de los mundos, y su descubrimiento es muy dificultoso, ya que todo allí es confuso. 
3)- El muerto jubiloso
Este poema es un canto de liberación del martirio de la vida. Una oda a la muerte como salvación para el hombre. Evadir la sociedad y el mundo terrenal es el propósito del yo lírico; rehúye por lo tanto las tradiciones funerarias y se hace amigo del gusano y los cuervos. La imagen de la carroña consumida por parásitos es muy frecuente en la obra de Baudelaire, y tal vez aquí esté más presente que en cualquier otro poema. El poeta se siente solo, angustiado, pero principalmente se siente derrotado por el resto del mundo, por el sinsentido de la vida. Está invadido de odio, y descubre en la muerte el único camino posible para escapar al tormento. Si bien el hombre se muestra jubiloso ante su hallazgo, ante la muerte, deja vislumbrar en el último terceto un cierto temor, asociado al desconocimiento de lo que sucederá luego.

De Cuadros Parisinos:
1)- A un transeúnte
En general, en esta parte de la obra Baudelaire nos presenta a París como una segunda naturaleza creada por los hombres. Edificios por árboles, calles por senderos, hombres por animales… La declara aborrecible y hostil, y así la muestra, con mucha persistencia, en todos los poemas de esta sección.
No sucede de otra forma en este, donde se expone un fugaz encuentro del poeta con una mujer, un transeúnte que pasa y lo deja, y desaparece para siempre. El hombre percibe en la mujer una especie de salvación de ese mundo hostil, un poco de felicidad, la aniquilación del tedio, del spleen, del perpetuo hastío. Pero inmediatamente se da cuenta de que su oportunidad se ha esfumado a la velocidad de un rayo, y que, nuevamente sumido en la noche, tendrá que seguir esperando un instante para renacer, tal vez también por causa del amor.
Algo muy importante en este poema, enfatizado por Baudelaire mediante metáforas y antítesis, es el tiempo. Hay una brutal e injusta diferencia entre el tiempo que dura el spleen (que a su vez contribuye a aumentarlo) y el que dura el encuentro, o cualquier señal de salvación. El poeta finaliza la obra expresando con declamaciones el fastidio por la oportunidad desperdiciada, mientras regresa a su tediosa vida parisiense.

De “El vino”:
1)- El alma del vino
                        En este caso me parece que el término “espíritu” es más apropiado, porque permite entender mejor la idea central de la obra. No es necesario señalar el tema de esta sección que profundiza en el hábito de beber vino y en el vino mismo. Esta bebida aparece como amiga fiel del poeta; le proporciona la clarividencia necesaria para hacer poesía, de alguna manera lo acerca a Dios. La imagen del espíritu del vino encerrado en la botella recuerda a las historias árabes de los genios encerrados en lámparas, que conceden deseos, y son capaces de realizar milagros. El vino no olvida su origen, reconoce en el hombre a su creador y lo eleva, ofreciéndole sus servicios, que lo llevarán a él mismo a un lugar más placentero que la vieja botella. Es notable cómo el vino, yo lírico del poema, se vale de lúcidas metáforas, símiles o sinestesias, para convencer al hombre de sus valores y pedirle que lo beba. El vino no sólo tiene la capacidad de aliviar las fatigas, calmar el dolor, pasar el tiempo, sino que también posee el don de dar la inspiración que tanto busca el poeta. Esa es su principal misión.
                        http://ciudadseva.com/texto/el-alma-del-vino/
                       
                        De “Las flores del mal”:
                        1)- Lesbos
                        Lesbos es una isla griega habitada desde la antigüedad. Allí vivió y escribió la famosa poeta Safo. El término “lesbiana” tiene su origen en la creencia de que en esa isla, en los tiempos de la poeta nombrada, las relaciones entre mujeres era una práctica muy común.           
                        El lesbianismo era un tema ya muy recurrido en el siglo XIX. Baudelaire dedicó su libro a su maestro, el poeta Théophile Gautier, autor de Mademoiselle de Maupin, que aborda la sexualidad femenina y las relaciones del mismo sexo. 
                        Baudelaire describe a Safo a la manera mitológica; esgrime un personaje promiscuo, sumergido en los ritos sexuales establecidos en Lesbos, en el lesbianismo, aunque no por ello rehúye el amor heterosexual (Se dice que fue amante de Alceo, y pretendió el amor de un hombre llamado Faón). Según el mito, Safo se suicidó arrojándose al mar desde la piedra de Léucade debido a que su amor por Faón no era correspondido. Baudelaire condena este acto por realizarlo en un sitio sagrado, y por violar las normas establecidas en Lesbos. Incluso la enfrenta a Platón, a quien tradicionalmente se le conoce como enemigo de los poetas, aunque esto no sea del todo cierto. La cuestión es que la verdadera Safo poco tenía que ver con el mito; ni era promiscua, ni viril, ni se suicidó. El hecho de que el poema contuviera tantas connotaciones sexuales, aunque sólo es el resultado de una cascada de obras similares desde Ovidio hasta Anacreonte, hizo que fuera censurado varias veces.

                        De “Rebelión”:
                        1)- Abel y Caín
                        Naturalmente el título alude al famoso mito aparecido en el Viejo Testamento, donde Abel y Caín son hermanos, hijos de Adán y Eva. El poema habla de las “razas” de Caín y Abel y no propiamente de estos, pero se sirve del mito para caracterizar a ambos conjuntos. Estos están completamente separados y enfrentados mediante un juego de dísticos. Así como en el mito Abel es el hermano menor, pastor cuyos sacrificios contentan en demasía a Dios, la raza que representa vive en el goce eterno, en la libertad y los placeres, en la riqueza y la armonía. Se puede decir que estamos hablando de gente que vive cómodamente, que sin mayores esfuerzos alcanza la prosperidad. La raza de Caín, representado por el esforzado personaje que no alcanza a maravillar de igual forma a Dios, es justamente la raza sin libertad, sin placeres, condenada al trabajo tortuoso, a arrastrarse y sufrir, a desear con apetito las gracias de la raza de Abel, y a vivir eternamente en la miseria.
                        El final del poema, en el último dístico, se ordena a la raza de Caín a obrar sobre ese contraste, a acabar para siempre con la prosperidad y la pasividad de la raza de Abel. Invita, en definitiva, a la raza de Caín a rebelarse ante Dios. Dios sobre la tierra implica un acercamiento a lo mundano, al trabajo, al esfuerzo. Fuera de su territorio, Dios pierde el poder de hacer distinciones entre las razas. Esto no llega a suceder. Queda simplemente la orden, que más bien parece una súplica, por algo imposible de cumplir.


                        De “La muerte”:
                        1)- El sueño de un curioso.
                        Se ha comparado este libro con La Divina Comedia en diversas ocasiones. El segmento “Las flores del mal” sería el Infierno, pero aquí no hay Paraíso; ningún personaje está destinado al éxito. Lo que tenemos es “La muerte”, donde concluye el libro, despidiendo a esos personajes condenados, para siempre.
                        La curiosidad por lo desconocido ha permitido al hombre progresar científicamente, filosóficamente y artísticamente. La búsqueda de la verdad, el sentido de la vida, lo absoluto, el intento de responder preguntas clásicas sobre nuestra existencia… Y la muerte no escapa a la curiosidad. Hay personas que lo llevan a un límite tal, que acaban recurriendo al suicidio para saciarse. Este poema es justamente eso. La fascinación de un hombre por el misterio oculto más allá de la vida, que lo lleva a buscar la muerte  y gozar cada minuto de la espera. Con ansias, aunque con cierto dolor; sabe que es posible que nunca se entere de la verdad. Morir y no saber; morir en vano.
                        Baudelaire crea un final: el hombre cruza el umbral y espera. Una aurora lo envuelve. El telón levantado y él allí sin respuesta. Descubre con decepción que no es más que eso. A mí me gustó particularmente este poema, pues la muerte ha sido el meollo de muchas de mis reflexiones nocturnas.


                        http://ciudadseva.com/texto/sueno-de-un-curioso/


Juan Ignacio Raffo