viernes, 25 de agosto de 2017

El jorobado de Notre Dame (1939), de William Dieterle




           Adaptación de la obra maestra de Victor Hugo “Nuestra Señora de París”, remake de la versión de 1923, la historia sigue a un conjunto singular de personajes: un campanero sordo y contrahecho, un joven poeta soñador y un perverso archidiácono, alrededor del juicio a una bailarina gitana, Esmeralda, de la cual están todos enamorados. Los hechos suceden en el París de finales del siglo XV, alrededor de la portentosa Catedral de Nuestra Señora.
            Esta injustamente olvidada cinta de William Dieterle constituye tal vez el acercamiento más logrado a la obra del gran escritor francés. Se puede decir que la mayor parte de su valor se debe a tres elementos: la historia, las interpretaciones y la arquitectura.
            La obra comienza con una conversación entre el entonces rey de Francia, Luis XI, y el arcediano Jehan Frollo, quienes discuten sobre el reciente descubrimiento de la imprenta y sus consecuencias en la sociedad, así como sobre la Arquitectura como principal vía de expresión humana hasta ese entonces. La imprenta, invención a la que Hugo culpa en su novela de haber destronado a la Arquitectura como madre de las artes, en favor de la Literatura, (¿Qué habría dicho el escritor de la invención del cinematógrafo?), tiene en la película un papel de mayor importancia en el desarrollo de los hechos que en el libro, influyendo directamente en el destino final de los personajes.
            Esto se justifica en que para poder rodar una obra literaria de gran extensión en un par de horas y poder al menos dar una idea de los temas que ella abarca, es necesario una serie de cambios importantes, tanto en las características de los personajes, como en la naturaleza y el desarrollo de los hechos. Por ejemplo, se potenció el amor entre Esmeralda y Gringoire para lograr un final creíble y adecuado para la época (el final de la novela sería demasiado terrible para el público de ese entonces; no es lo mismo la imagen que produce la prosa de Hugo que los hechos visualizados en la pantalla grande), así como la maldad del arcediano Frollo, que permite desarrollar mejor al personaje en menos tiempo. Es recomendable, aunque no estrictamente necesario, leer el libro antes de ver la película.
            En definitiva, el guion me parece excelente, incluso cuando los que leyeron la novela seguramente extrañarán algunos personajes, o les costará aceptar su distanciamiento de los de la obra literaria, como son los casos de Phoebus y de la cabra. 


Sobre los actores que conforman el reparto, hay que decir que la elección para cada personaje fue muy apropiada. Quien escribe imaginó mientras leía la novela a la hermosa Teresa Wright en la piel de Esmeralda, pero no puede negar que Maureen O´Hara era la segunda mejor opción posible.  
Las interpretaciones son todas fantásticas. Charles Laughton ofrece aquí probablemente la mejor de sus composiciones. Un Quasimodo que se acerca más que nadie a su par literario. Sorprende mucho lo ágil que se ve el actor balanceando las campanas y moviéndose de un lado a otro en las altas torres sembradas de monstruosas estatuas, como un verdadero salvaje, a pesar de su natural sobrepeso y de todo el maquillaje que llevaba encima. Su interpretación resulta tan real, tan auténtica, que la imagen y lo que esta produce al espectador se vuelven recuerdos imborrables (el efecto que su mirada y su voz producen en el momento en que pide agua en la picota es impresionante, capaz de conmover al espectador menos perceptivo). No por nada es uno de los mejores actores de la historia del cine; estaba dotado de una gran sensibilidad y un extraordinario talento para medir la intensidad sus movimientos, de sus gestos, de sus expresiones.
Los demás actores también realizan una labor notable, destacando a una joven (y bella) Maureen O´Hara y al brillante Sir Cedric Hardwicke, en una de sus mejores interpretaciones, en la piel de Jehan Frollo.
Otro elemento que hace que la obra funcione es su arquitectura (uso este término para referirme a lo que otros llaman decorado, que es, como dijo Buñuel, algo más bien propio del teatro). La ambientación es sencillamente brillante, tanto desde la perspectiva histórica como la artística. Con mucha inteligencia el arquitecto monta un París lóbrego y misterioso, fascinante, mágico, en completa armonía con lo que allí sucede, de una fuerza visual incomparable. En este ambiente los personajes deambulan de forma muy natural, produciéndose una fuerte sensación de unidad.
La cinta tiene un buen ritmo, dado por un montaje correcto y una sólida fotografía. La perspectiva de los planos es, generalmente, adecuada, aunque tal vez no la mejor posible en todos los casos. Una escena que debe ser especialmente destacada (spoiler) es la del enfrentamiento final, cuando Quasimodo salva a Esmeralda de la locura de Frollo. Esta secuencia, ciertamente muy expresionista, muy bien fotografiada, constituye un excelente ejemplo de buen uso del sonido y de la música en el cine. Se opta por un completo silencio, apenas interrumpido por los gemidos del jorobado, las corridas por las escaleras y el sonido de las campanas, que luego, al concluir la secuencia, necesariamente deja lugar a una melodía final.

            En fin, un trabajo imprescindible para todo buen cinéfilo, altamente recomendable para aquellos que disfrutaron el libro. 



Nota: 10/12















viernes, 16 de junio de 2017

Cinco obras imprescindibles de Vittorio De Sica

           Este breve artículo constituye una serie de recomendaciones de la obra del gran cineasta italiano Vittorio De Sica (1901-1974). Director de más de treinta películas, con las cinco que citaremos basta para colocarlo entre los nombres más importantes del cine de su país. Fue uno de los más notables representantes del neorrealismo italiano. Dotado de una inigualable capacidad para suscitar fuertes emociones en el espectador, sin caer en lo vacuo, fue en gran medida responsable de la explosión de la bella Sophia Loren, quién protagonizó varias de sus últimas películas. Además de realizador, fue un laborioso actor, profesión que también le dio algunos reconocimientos, como una nominación al Óscar a mejor actor de reparto por “Adiós a las armas” (1957). Asimismo, fue uno de los protagonistas de la gran obra maestra de Max Ophüls “Madame de…” (1953).
            Una aclaración antes de comenzar: esta lista no pretende ser un “top” del director, ya que quien escribe todavía tiene pendientes varias de sus cintas.

1- El limpiabotas (Sciuscià, 1946)
Tal vez su mejor película. Primera ganadora del Óscar a la mejor película extranjera, esta obra maestra se centra en los destinos de dos amigos pobres, Pasquale y Giuseppe, que, deseosos de comprar un caballo, participan de una venta ilegal que termina con ambos en un reformatorio, donde la fuerte amistad que hasta entonces sostenían se ve afectada por penosas circunstancias. Como en la mayoría de sus trabajos, De Sica logra aquí conmover con maestría; la simpatía que sus personajes generan en el espectador son la causa de que, cuando la adversidad les acomete, nos vemos tan profundamente afectados como ellos. El final del filme me parece uno de los mejores y más bellos de la historia del cine.



2-  Umberto D. (Umberto D., 1952)
Una de las mejores películas sobre la vejez que se han rodado. Curiosamente se estrenó el mismo año que su prima hermana, “Vivir”, de Akira Kurosawa. Homenajeando a su padre, De Sica nos cuenta la historia de un anciano jubilado, de escasos recursos, y sus problemas para mantenerse estable en la pensión donde vive. Su soledad sólo es amainada por su gracioso perro Flike y la simpática sirvienta María. Simple, aunque profundo, retrato de una vida (y de una sociedad). Obra maestra.



3- Milagro en Milán (Miracolo a Milano, 1951)
Luego de varios años rodando películas dramáticas con fuerte contenido social, enmarcadas por supuesto en la corriente que predominaba en ese entonces, De Sica tomó en la década del 50 un rumbo más orientado a la comedia, sin perder con ello calidad, ni originalidad. Esta bellísima película, aunque técnicamente inferior a las anteriores, constituye probablemente su comedia más lograda. Es simpática, risueña y enternecedora. Puede tener, sin embargo, lecturas algo pesimistas, o desalentadoras, así como momentos de gran seriedad, o de tristeza, como esa secuencia inicial en la que el infante Toto acompaña en soledad el sepelio de su madre adoptiva. Este personaje es para mí uno de los mejores dentro de la obra del director. Difícilmente haya otro tan entrañable, tan inolvidable.



4-  Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1947)
Sin ser su mejor obra, es la que cuenta con mayor fama internacional, así como con el elogio de casi toda la crítica y el mundo cinéfilo en general. Siempre aparece en listas sobre las mejores películas de la historia. Cuando se habla de neorrealismo italiano, los ejemplos más fáciles son “Roma: ciudad abierta” y “Ladrón de bicicletas”. Más allá de los desperfectos, es innegable el valor documental, histórico y representativo que posee esta cinta. Narra los esfuerzos de un padre para sacar a su familia adelante, en la Roma de la posguerra. Su marcada autenticidad, que se explica por el uso de decorados reales de Roma en reconstrucción, la fotografía, la sencilla puesta en escena y el uso de actores no profesionales, es indudablemente lo que confiere a esta cinta la mayor parte de su valor, y posiblemente de su fama.



5- Dos mujeres (La ciociara, 1960)
Había que incluir una película de la etapa final de su carrera. Había que incluir una película con su musa principal: Sophia Loren. Esta película le dio un muy merecido Óscar a mejor actriz a la entonces guapísima diva italiana. La película narra las travesías y sufrimientos de dos mujeres, madre e hija, cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, tema aún recurrido en esta etapa por el director. En el reparto también está el consagrado actor Jean-Paul Belmondo, de notable actuación. La obra posee una de las escenas más fuertes y desgarradoras de la época; en ella las mujeres son violadas en una iglesia por soldados franceses.




Escribió: Juan Ignacio Raffo









sábado, 8 de abril de 2017

Cantar de Gilgamesh. Comentario. Parte I.

“¿Quién, amigo mío, será vencedor de la muerte?”
“Del género humano los días están contados; todo lo que hace no es sino soplo”
Originalmente denominado Sha naqba īmuru (Aquel que ha visto las profundidades), el hoy conocido como Cantar de Gilgamesh constituye una obra que puede dar lugar a larguísimos análisis, estudios históricos y literarios. Debido a la gran cantidad de cosas que quiero decir, publicaré este extenso artículo en dos partes. La primera servirá para dar una introducción histórica y temática de la obra, y la segunda tratará de aspectos más literarios y artísticos.
El Cantar del Gilgamesh no es la obra literaria más antigua del mundo, ni la más antigua en conservación. Existen muchos textos literarios anteriores. Eso sí: ninguno es tan largo, ni tan complejo como éste. Ninguno es una epopeya. Este es, pues, el poema épico más antiguo del mundo. Se cree que la obra completa existía ya a mitad del segundo milenio antes de Cristo. De todas formas, las historias de Gilgamesh se remontan hasta el tercer milenio antes de cristo, y el famoso rey, en el caso de haber existido, seguramente vivió hacia 2700 a.c. 
Ahora vamos a hablar de los dioses sumerios, pues es en este pueblo en que se desarrollan los hechos del poema. Los sumerios, establecidos hace miles de años en Mesopotamia, a orillas de los ríos Éufrates y Tigris, tenía creencias muy similares a otros pueblos de la época y posteriores, como los egipcios y los griegos. Creían en la existencia de un conjunto de seres inmortales, muy superiores a ellos, que habitaban en distintas partes del mundo. Sobre todos ellos estaba Anu, el dios principal, equivalente a Zeus. Habitante del cielo más alto, su poder ultrapasa al de los otros dioses, pero no es capaz de contenerlos a todos, como se verá más adelante. La tríada sumeria la completan Enlil (inicialmente el dios supremo), el señor del viento, y Enki, señor de los abismos acuáticos. Otros dioses de alta importancia son Ki, diosa de la Tierra, Sin, diosa de la Luna, e Inanna (también llamada Ishtar por los acadios), diosa del amor y de la guerra. Inanna era la diosa protectora de Uruk, ciudad cuyo rey era Gilgamesh, por lo que será ampliamente citada.
Es importante hacer un repaso de los pueblos que habitaron Mesopotamia en la antigüedad. Primero fueron los sumerios, habitantes de Sumer. En esta época, la civilización se organizaba a la manera de las polis griegas, con grandes ciudades casi independientes entre sí, gobernadas cada una por un rey. Las más famosas fueron Eridu, Ur, Larak, Shuruppak, Kish y Uruk. Con el tiempo los sumerios dieron lugar a otros pueblos, algunos de los cuales mantuvieron las tradiciones y el culto a los mismos dioses. Primero fueron los acadios (co-escritores del poema de Gilgamesh), luego vinieron los asirios, que habitaban el norte de Mesopotamia mientras los babilónicos habitaban el sur, y luego los persas (significativamente distintos a los anteriores), que fueron arrasados por el ejército de Alejandro Magno, estableciéndose el Imperio de Macedonia. También habitaron esas tierras o sus cercanías los hititas y los hurritas.  
LA OBRA:
Las historias sobre Gilgamesh tienen una gran antigüedad. De la época sumeria sólo se conservan algunos poemas relacionados con el mito, aunque son de difícil unificación. Es decir, no parece haber un cantar que lo contenga todo. Eso ha hecho que gran parte de los estudiosos se inclinen a pensar que el cantar que nos ocupa se originó en un tiempo posterior a Sumer, probablemente en el tiempo de los acadios, basándose por supuesto en esa gran colección de pequeños cantares o poemas que circulaban desde tiempos muy primitivos.
La escritura fundamental de los pueblos sumerio y acadio era la cuneiforme. Esta se hacía sobre tablillas de arcilla húmeda. Se representaban con pictogramas, que parecían cuñas (de ahí el nombre), palabras y objetos. Este primitivo método fue usado por muchas otras civilizaciones de la antigüedad. El Cantar de Gilgamesh fue concebido y reproducido en estas tablillas.
La obra ha llegado a nuestros días en fragmentos, debido a la erosión y mutilación de tablillas. El fragmento más completo, cuya inscripción se considera la versión estándar, es el hallado en la biblioteca del último gran rey asirio Assurbanipal, en las ruinas de Nínive. Otros fragmentos de la obra, así como cantares relacionados a Gilgamesh, fueron hallados en otras ruinas asirias, babilónicas, acadias, sumerias e incluso hititas. Estas ayudaron a completar parte de las lagunas del texto de Nínive, aunque hasta el momento sólo se ha logrado reconstruir poco más de la mitad del poema. De todas formas, lo que se tiene es suficiente para tener una visión general de la obra bastante satisfactoria, y para percibir sus mayores virtudes, su calidad literaria.
El poema de Nínive se compone de once tablillas divididas en seis columnas cada una. Temáticamente los estudiosos han segmentado la obra en dos partes:

1-      La búsqueda de la gloria (Tablilla I a la VI)

2-      La búsqueda de la inmortalidad (Tablilla VII a la XI)

Si bien es cierto que existe una marcada diferencia temática entre las dos partes, en realidad, la obra entera se podría contener en la idea de la segunda parte, pues la gloria es también una forma de inmortalidad.
Lo que sigue es un repaso de todos los hechos que suceden en la obra. Podría decirse que es spoiler, aunque en mi opinión no es tan dañino en este caso. 

1-    La búsqueda de la gloria

Al principio de la obra Gilgamesh es presentado como un ser de naturaleza semidivina, alto, fuerte y desmesurado. Es un un rey tirano que comete constantes abusos de poder. El pueblo, descontento por el hybris del héroe, se queja al dios Anu. Así nace Enkidu, un fuerte guerrero capaz de enfrentar al rey de Uruk, y detener su violencia. Enkidu nace y se cría como un salvaje, entre las bestias, lejos de la ciudad amurallada. Un cazador advierte la presencia del monstruo en el bosque y, asustado, va a pedirle ayuda a Gilgamesh. Éste le dice que lleve con él a una qadishtú, prostituta sagrada del templo de Ishtar, para debilitar a Enkidu mediante el acto carnal. De esta forma, Enkidu se vuelve humano y las bestias, antes sus compañeras, acaban rechazándolo. Humanizado, Enkidu viaja junto a la hieródula a Uruk para enfrentar a su rey. Se desarrolla un fiero combate, hasta que Gilgamesh “dobla la rodilla”, señal de que es derrotado. Sin embargo, a partir de este momento nace entre ambos una amistad inquebrantable. Un tiempo después, los dos héroes se preparan para una aventura capaz de darles la gloria: una visita al Bosque de los Cedros para derrotar a su guardián, Humbaba, un monstruo gigante relacionado con el mal augurio. Luego de largos preparativos, los héroes viajan. Gilgamesh recurre al dios Shamash, el dios del sol, para que lo proteja en su lucha. Luego de una larga batalla, el gigante es derrotado, implorando por su vida. Enkidu decide no perdonarlo, y lo mata. Luego de esto los héroes regresan a Uruk. La diosa Ishtar desea el amor de Gilgamesh, pero éste la rechaza, enfureciéndola. Indignada, intima al dios Anu a lanzar al Toro Celestial para que destruya la amurallada Uruk y a su rey. La criatura del cielo llega a la ciudad causando destrozos. Gilgamesh y Enkidu se presentan, combaten, y matan a la bestia. La primera parte termina con un festín dado por el rey, en honor a sus grandes virtudes.

2-    La búsqueda de la inmortalidad.

Gilgamesh y Enkidu descansan luego del festín. Enkidu tiene sueños premonitorios, donde los grandes dioses se reúnen para decidir su muerte. Luego de varios días y varios sueños, Enkidu ¿enferma? y muere, lamentando el hecho de no morir en la batalla. El dolor de Gilgamesh por la muerte de su amigo es verdaderamente grande. Ordena erigir una estatua en su honor y busca la soledad en la llanura. Empieza a cuestionarse sobre la muerte, sobre su muerte. La rebeldía comienza a latir en su interior y decide que debe buscar evitar ese incomprensible destino. Sabiendo que cierto hombre, un antiguo rey de nombre Ut-Napishtim, logró la inmortalidad, emprende un largo y aparatoso viaje a los confines del mundo para descubrir su secreto. Luego de mucho andar entre montañas y bosques, llega a los montes Mashu, donde se encuentra con hombres escorpiones, seres aterradores que guardan la salida del Sol. Gilgamesh suplica para que le dejen pasar, contándoles su objetivo, y las criaturas lo dejan. Shamash, su dios protector, intenta convencer al rey el abandono de su búsqueda, pero la ambición de Gilgamesh no para nunca de crecer. No sólo quiere la inmortalidad de los hombres, también quiere traer a los muertos de vuelta a la vida. El héroe conoce a una mujer llamada Sidura, quien le advierte de los peligros de su odisea. Gilgamesh insiste y se le es revelado que sólo podrá atravesar el tenebroso océano en la barca de Ur-Shanabi. Gilgamesh va a su encuentro y el barquero acepta llevarlo hasta Ut-Napishtim. Luego de un largo viaje por mar, llegan finalmente a la morada del inmortal. Luego de la presentación entre ambos, Ut-Napishtim empieza el célebre relato del Diluvio, episodio del que salió convertido en un ser inmortal. Luego de esto, el dueño de casa intenta desanimar a Gilgamesh de su empresa y luego de ponerlo en una prueba para demostrarle que la vida de los hombres depende de la voluntad de los dioses y que la condición humana es efímera, manda a Ur-Shanabi a lavar las vestiduras de Gilgamesh y antes de que se marchen le hace una revelación al rey de Uruk: le habla sobre la existencia de cierta planta de la inmortalidad escondida en el fondo del mar. El héroe se sumerge y coge la planta, pero no la come. Decide llevarla a la ciudad para plantarla y que de ella todos coman. Pero sucede una peripecia: Gilgamesh siente calor y decide bañarse en una fuente, dejando a la planta desprotegida. Una astuta serpiente siente su olor y la roba. ¿Némesis? Así, Gilgamesh, resignado, vuelve a su ciudad y levanta murallas y grandes templos, para que al menos pueda vivir la tenue inmortalidad de la fama.

Juan Ignacio Raffo

martes, 7 de marzo de 2017

Top 5: Cómo empezar: “Sinfonías”


            Como este blog está destinado a plasmar las opiniones de sus autores sobre diversos temas sobre el arte en general, pero centrándose en la música, la literatura y el cine, quería dejarles a ustedes, estimados lectores, en relación al tema música, una pequeña lista. Tal vez muchos de ustedes no se encuentran tan familiarizados con la música clásica como quisieran, y simplemente no saben por dónde empezar. Pues bien, ¡esta lista está hecha para ustedes!
            He seleccionado cinco movimientos de sinfonías, que considero como los más accesibles, basado en mi experiencia como oyente. Para aquellos que no lo sepan, una sinfonía es una obra compuesta para orquesta, cuya duración es variable, existiendo sinfonías que duran apenas catorce minutos, y otras que llegan a durar más de una hora y media. Las sinfonías se dividen en partes llamadas “movimientos”: la tradición clásica de la sinfonía establece cuatro movimientos, pero esto puede variar (la Sinfonía n° 14 de Dimitri Shostakovich posee once movimientos). Entre cada movimiento, la orquesta hace una pequeña pausa. Estos movimientos se nombran según el “aire” de los mismos, refiriéndonos con esta palabra al carácter y la velocidad de la pieza: Allegro (rápido), Presto (muy rápido), Adagio (lento), Vivace (vivo), etc.
            Cada uno de los movimientos tiene su propia estructura interna, y la combinación de los mismos es la que forma la estructura de la sinfonía: la coherencia de los movimientos entre sí es lo que le otorga unidad a toda la obra. Refiriéndonos a un aspecto puramente armónico, esta unidad está relacionada con las tonalidades (Do Mayor, Sol menor, etc.) de los movimientos: por lo general, el primer y último movimiento tienen la misma tonalidad, y aunque no lo tengan, la sinfonía se nombra según la tonalidad del primer movimiento. Pongamos un ejemplo: la Sexta Sinfonía de Beethoven, en Fa Mayor, también llamada “Sinfonía Pastoral”, está estructura en cinco movimientos, con la particularidad de que no hay interrupciones o pausa entre los últimos tres.
            Pero bien, ya han sido demasiados aspectos técnicos, y no es necesario ahondar en ninguno de ellos en este primer artículo sobre música. Ahora bien, es preciso decir que se ha juzgado la accesibilidad de las obras que integran esta lista en base a qué tan disfrutables pueden ser para un oído no tan entrenado en música clásica: melodías pegadizas, aparición en la cultura popular, complejidad no muy elevada en el desarrollo, duración, etc. En fin, he aquí la lista.


1.      Quinta Sinfonía (Do menor), Ludwig Van Beethoven (1770-1827), 1er. Movimiento.
Esta pieza es uno de los clásicos más populares que existen. Ha sido ampliamente utilizada en cine, televisión y medios audiovisuales en general. El comienzo de esta sinfonía es simplemente icónico: dos grupos de cuatro notas, las primeras tres que se repiten rápidamente y luego se descansan sobre la cuarta, “El destino que llama a la puerta”. Con poco más de siete minutos de duración, es buen comienzo para quien quiera adentrarse en el mundo sinfónico.

2.      Sinfonía n° 40 (Sol menor), Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), 1er. Movimiento.
     Comparte los dos primeros enunciados del primero de la lista: es también una obra icónica. Poseedora de una melodía que pareciera arrastrarnos y envolvernos, este primer movimiento está repleto de momentos emocionantes. Uno de ellos especialmente, cerca de la mitad (minuto 4:18 del video), en lo que se conoce como “desarrollo”, donde el tema que escuchamos al principio ahora va pasando por graves y agudos (violonchelos y violines), a medida que cambia de tonalidad, para volver a la que ya conocemos. En esta penúltima sinfonía, uno puede estar seguro de por qué Mozart es uno de los compositores más importantes de la historia de la música.



3.      Sinfonía n° 101 (Re Mayor), “El reloj”, Joseph Haydn (1732-1809), 2do. Movimiento.
Naturalmente, el “Padre de la sinfonía” no podía faltar en este listado. Como se puede ver por el número de la sinfonía, Haydn compuso más de cien, y por esta razón su aporte al género es más que fundamental, siendo sus sinfonías las que definirían la sinfonía clásica. El humor siempre está presente en la música de Haydn, es el caso de la “Sinfonía Sorpresa”, y también de esta, “El reloj”, que toma su nombre de este 2do. Movimiento, donde algunos instrumentos imitan casi permanentemente el tic-tac de un reloj. De melodía pegadiza y cargado también de momentos emocionantes, el que comienza en el minuto 2:58 del video es uno de mis favoritos.


4.      Sinfonía en Do mayor, Georges Bizet (1838-1875), 1er. Movimiento.
Bizet, el autor de la famosísima ópera “Carmen”, es también el autor de esta obra maestra del género sinfónico, que compusiera como un trabajo para sus estudios de composición. Toda la sinfonía está repleta de melodías sumamente pegadizas (se sorprenderán dentro de pronto tarareándolas o silbándolas), entretenidas y hasta graciosas, en el mismo sentido de humor musical que se puede apreciar en Haydn. Si bien perteneciente al período Romántico, Bizet creó una perfecta sinfonía clásica en cuanto a la forma. En el link que les dejo está la sinfonía completa: el 1er. Movimiento termina en el minuto 10:50, pero si sienten la tentación de seguir escuchando, no se arrepentirán.
https://www.youtube.com/watch?v=-xk7TVPyboY


5.      Sinfonía n° 1 (Do Mayor), “Clásica”, Serguei Prokofiev (1891-1953)
Escrita entre 1916 y 1917, es una de las sinfonías de más corta duración que haya compuesto, cuya interpretación dura por lo general cerca de catorce minutos. Por este motivo, en lugar de sugerir sólo el 1er. Movimiento de la misma, les sugerimos que escuchen toda la Sinfonía. Su nombre, “Clásica”, proviene de que Prokofiev haya afirmado que creía que el estilo que empleó sería el que hubiera utilizado Haydn si estuviera vivo a principios del siglo XX. Esta obra también está repleta de humor musical, y aunque Prokofiev haya querido, de alguna manera, imitar a Haydn, o adaptarlo, esta obra tiene la marca del particular estilo de Prokofiev, y se ha convertido en una de sus obras más conocidas y solicitadas.



Escrito por Dardo Andrés Arbiza

domingo, 26 de febrero de 2017

89. ª ENTREGA DE LOS PREMIOS ÓSCAR: COMENTARIO SOBRE LOS NOMINADOS

            Este domingo 26 de febrero se realizará, por octogésima novena vez, la tradicional ceremonia de entrega de premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, conocidos popularmente como premios Óscar. Pues bien, para este año he intentado ver la mayor parte de las películas nominadas, con el fin de armar un artículo lo más completo posible sobre el tema. En el desarrollo del mismo haré un pequeño comentario para cada película vista, y luego pasaré a revisar las principales categorías, para decir no sólo qué creo que debería ser premiado, sino también para intentar predecir lo que sucederá en la gala.
            Antes que nada, quiero decir que, según mi parecer, el año 2016 no fue un gran año para el cine, o al menos no para el norteamericano. Sí, tenemos algunas películas que harán historia, pero no por su valor, sino más bien por sus particularidades o sorpresas. Aún me falta mucho por ver, pero hasta ahora no he tenido el placer de ver una verdadera obra maestra.
            Sobre los premios de la Academia, creo que este año las cosas arrancaron mal ya desde el anuncio de los nominados. No coincido ni remotamente con la mayoría de las nominaciones. Faltan y sobran muchas cosas. ¿Dónde quedaron “Silence”, “Nocturnal Animals”, “Paterson”, “Elle”, etc.? Alguna logró meter una nominación, de pura suerte, pero la mayoría de las mejores películas del año fueron completamente ignoradas por la Academia, prevaleciendo en su lugar títulos sobrevalorados como “Moonlight”. Así que ya desde el principio puedo decir que este año me quedaré con cierto resabio, pase lo que pase en la ceremonia. Esto no es algo nuevo; desde hace mucho tiempo la Academia se ha flexibilizado y ha permito que la opinión del público influya en sus decisiones. Basta con ver que el año pasado se formó un boicot debido a la baja presencia de “películas de color” entre los nominados, y que este año tenemos cintas de este tipo en casi todas las categorías. Es una pena muy grande que sólo cierto tipo de películas puedan ser nominadas. Por eso es tan fácil predecir lo que va a ocurrir. De todas formas, entre las premiaciones más importantes de la temporada (como los “Globos de Oro”, los “SAG awards”, los “Bafta”, etc.) me parece que la Academia sigue siendo la más justa y universal, aunque está muy lejos de un nivel ideal.  

            LAS PELÍCULAS:
            La ciudad de las estrellas (La la land), de Damien Chazelle: Sólo diré que es una cinta interesante y muy bien realizada, pero catorce nominaciones sólo le quedaron bien a “Eva al desnudo”. Aquí hay un artículo sobre ella: http://espejodetresesquinas.blogspot.com.uy/2017/01/la-ciudad-de-las-estrellas-la-la-land.html
            Luz de luna (Moonlight), de Barry Jenkins: Probablemente la única con posibilidades de quitarle el premio a la mejor película a la anterior. Es un trabajo interesante, pero está lejos de ser la gran película que muchos pintan. Comenzó bien, pero no supieron cómo desarrollarla, ni cómo terminarla. Es una de esas películas en las que uno está esperando que suceda algo, pero nunca sucede. Decepcionante; uno de los títulos más sobrevalorados del año. Excelente fotografía, sin embargo.
            Figuras ocultas (Hidden figures), de Theodore Melfi: Una de las tantas películas sobre gente de color nominadas. Trata sobre un grupo de mujeres que, con todas las limitaciones que la segregación racial imponía, lograron que los primeros viajes espaciales de la NASA fueran posibles. Una cinta muy satisfactoria.
            La llegada (Arrival), de Dennis Villeneuve: Notable obra de arte cinematográfico. La excelente fotografía, la estimable banda sonora y la soberbia actuación de Amy Admas la convierten en uno de los trabajos de ciencia ficción más ricos y profundos de lo que va del siglo. Villeneuve se reafirma como uno de los mejores directores de nuestro tiempo.
            Cercas (Fences), de Denzel Washington: Dotada de escenas larguísimas, y de una colección de memorables actuaciones, esta adaptación teatral me ha conmovido, pero no colmado. El final no estuvo a la altura del resto del filme. Es algo muy común en el cine actual ir de más a menos, y esta película no es una excepción.
            Manchester frente al mar (Manchester by the sea), de Lonergan: Lento y pausado drama sobre la vida de un hombre afectado por la tragedia. Excelente fotografía y montaje. La banda sonora acompaña los hechos formidablemente, especialmente en la escena en la que se explica todo. Una de las mejores películas del año. Excelente producto de cine independiente. Entre las nominadas a la categoría máxima es, lejos, la mejor. 
            Hasta el último hombre (Hacksaw ridge), de Mel Gibson: Drama bélico basado en hechos reales acaecidos al final de la Segunda Guerra Mundial. Conmovedor y complaciente de principio a fin. No es lo mejor de Gibson, pero luego de diez años de sequía no se puede pedir demasiado.
            Comanchería (Hell or high water), de David Mackenzie: Brillante ejercicio de western y del cine de atracos. Notable fotografía y montaje. Bien actuada, bien escrita. En fin: una de las mejores del año.
            Un camino a casa (Lion), de Garth Davis: Interesante drama que presenta la historia real de un niño indio perdido que, luego de vivir veinticinco años en Australia, se reencuentra con su madre. Posee una fabulosa fotografía y una adecuada banda sonora. A destacar también son las actuaciones de Nicole Kidman y de Sunny Pawar.
Jackie (Jackie), de Pablo Larraín: Infravalorada cinta sobre los hechos del asesinato de J. F. Kennedy, desde la perspectiva de su mujer, protagonizada por una brillante Natalie Portman. Resultó ser mucho mejor de lo que esperaba.

LAS CATEGORÍAS:
Quiero aclarar que me voy a ocupar solamente de aquellas categorías en las he visto todas o casi todas las películas.

MEJOR MONTAJE
Va a ganar: Hasta el último hombre
Puede ganar: La la land
Debería ganar: La llegada
MEJOR FOTOGRAFÍA
Va a ganar: Luz de luna
Puede ganar: La la land
Debería ganar: Luz de luna
MEJOR BANDA SONORA
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Luz de luna
Debería ganar: La la land
MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
Va a ganar: “City of stars”, de La la land
Puede ganar: “Can´t stop the feeling”, de Trolls
Debería ganar: “Audition”, de La la land
MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Jackie
Debería ganar: Jackie
MEJOR GUION ORIGINAL
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Manchester frente al mar
Debería ganar: Manchester frente al mar
MEJOR GUION ADAPTADO
Va a ganar: Luz de luna
Puede ganar: Cercas
Debería ganar: La llegada
MEJOR ACTOR DE REPARTO
Va a ganar: Mahershala Ali, por “Luz de luna”
Puede ganar: Dev Patel, por “Un camino a casa”
Debería ganar: Jeff Bridges, por “Comanchería”
(Yo habría nominado a Sunny Pawar, en lugar de Dev Patel)
MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Va a ganar: Viola Davis, por “Cercas”
Puede ganar: Michelle Williams, por “Manchester frente al mar”
Debería ganar: Viola Davis (No sólo por ser su actuación superior a las demás, sino porque su papel es tan protagonista como el de Denzel Washington. No entiendo qué hace en esta categoría).
MEJOR ACTOR:
Va a ganar: Casey Affleck, por “Manchester frente al mar”
Puede ganar: Denzel Washington, por “Cercas”
Debería ganar: Casey Affleck (En un año bastante flojo para los actores, el papel más destacado, lejos, es el del hermano de Ben).
(Ryan Gosling sobra entre los nominados)
MEJOR ACTRIZ
Va a ganar: Emma Stone, por “La la land”
Puede Ganar: Isabelle Huppert, por “Elle”, o Natalie Portman, por “Jackie”.
Debería ganar: Isabelle Huppert
(Yo habría nominado a Amy Adams por “La llegada”)
MEJOR DIRECTOR
Va a ganar: Damien Chazelle, por “La la land”
Puede ganar: Barry Jenkins, por “Luz de luna”
Debería ganar: Damien Chazelle, por “La la land”
MEJOR PELÍCULA
Va a ganar: La la land
Puede ganar: Luz de luna
Debería ganar: Manchester frente al mar


              Ojalá que la Academia se muestre inspirada y marque la diferencia, como pocas veces lo ha hecho, premiando lo que realmente es digno de ser premiado, ignorando la fuerza comercial, o popular que poseen los contendientes, ateniéndose más bien a rigurosos análisis técnicos y valorando las películas como obras de arte, no como productos de una industria.  


Escrito por Juan Ignacio Raffo

lunes, 30 de enero de 2017

Comentarios sobre "Lady Susan", de Jane Austen

 

           

“Lady Susan” es una pequeña novela epistolar, escrita por la autora británica Jane Austen (1775-1817), aunque no se sabe precisamente la fecha en que la comenzó y la terminó, esto fue entre los años 1794 y 1805. Sin embargo, la obra no se divulgó hasta 1870. La obra, que la autora había dejado sin título, recibió uno de parte de su sobrino James Edward Austen Leigh. Todos estos datos se aclaran en el prólogo a la edición que poseo, escrito por Eduardo Berti, de quien también es la traducción, para Ediciones de la Banda Oriental.
            Debo mencionar que esta es la primera obra de Jane Austen que leo, y verdaderamente su lectura me ha sido satisfactoria. Sobre todo, entretenida. Leí la novela corta prácticamente de un tirón, en un día, motivo por el cual tal vez algunas cosas hayan abandonado mi memoria. Sin embargo, creo que lo más importante ha sido la visión general que obtuve de la obra, y las cuestiones literarias que quiero resaltar.
            En primer lugar, es notable cómo se realiza la caracterización de los personajes. Desde las primeras clases de literatura aprendemos que los personajes se caracterizan por lo que dicen y hacen, y por lo que otros personajes dicen de ellos. En el caso de esta obra, por ser precisamente una novela epistolar, compuesta por cincuenta y un cartas que se envían varios personajes entre sí, la caracterización se da de una manera doble. Esto es: cuando un personaje escribe una carta, al leerla el lector va construyendo la personalidad del mismo; pero además, en esta misma carta se describen a otros personajes, sus actos y sus dichos, por lo que los caracterizamos a través de los ojos de quien escribe. Y esta experiencia resulta muy enriquecedora para la construcción mental que debe elaborar el lector, dada la multiplicidad de personajes, de cartas, y de hechos conflictivos que los obligan a escribirse entre sí.
            Algo también notable son las dos primeras cartas de la novela, ambas escritas por la protagonista, Lady Susan. A partir de estas dos pequeñas cartas ya podemos tener una imagen bastante acertada de su personalidad. En la primera carta Lady Susan escribe a su cuñado de manera completamente halagüeña, y entonces nos creamos una idea de una mujer viuda sumamente dulce, humilde, en pocas palabras, una buena persona. Sin embargo, en la segunda carta, que Lady Susan escribe a su amiga Lady Johnson, su confidente, la primera muestra su verdadera cara, diciendo aborrecer a sus parientes, y, en fin, denotando una de sus principales características: la falsedad.
            La protagonista de esta obra es, pues, una anti-heroína, una mujer altamente manipuladora, que para obtener lo que quiere hace uso de su increíble belleza y, sobre todo, su retórica, para convencer, principalmente, a los hombres que la rodean. Sin embargo, ésto no le resulta tan bien con las mujeres: el rol antagónico del libro lo lleva a cabo el personaje de Catherine Vernon, su cuñada, que se da cuenta inmediatamente de sus intenciones, e intenta frustrar sus planes.
            La trama de la obra se basa en los enredos que crea Lady Susan para poder conseguir matrimonio, ya sea para su hija, a quien detesta y trata mal, o para sí misma, para así asegurar su riqueza futura y su posición social. Como sus planes terminan involucrando al hermano de Catherine, ésta debe interceder, no sólo por la seguridad y felicidad de su hermano, sino también por la de su sobrina. El círculo de los personajes es bastante cerrado, al tratarse de un ambiente familiar, en el campo; según tengo entendido, esto es una constante en las principales obras de Austen.
            Para terminar me gustaría hacer mención de dos cuestiones. La primera, en relación a la obra, es que, a pesar de que ésta ya ha sido llevada al cine (sólo que aún no se ha estrenado en todos los países latinoamericanos), se me ocurrió durante la lectura que si hay dos actrices a las cuales los roles de Lady Susan y Catherine Vernon les quedarían más que perfectos serían a (una joven) Jessica Lange y a (una joven) Meryl Streep, respectivamente (se adjuntan imágenes). Esto se reafirma en mi imaginación pensando en uno de los puntos más álgidos del libro: cuando ambas se confrontan, lanzándose mutuamente indirectas, ataques disfrazados, lo que aumenta la tensión del lector.

            Y la segunda cuestión que quería mencionar era lo bien escogida que ha sido la imagen para la portada del libro. Se trata de un Óleo de Sir Thomas Lawrence, que aquí adjunto, y que, a través de la mirada retratada, al menos después de la lectura de la obra, transmite la sensación de lo pérfida y a la vez encantadora que podía ser Lady Susan.



Dardo Andrés Arbiza